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José María Arquimbau

AL CONTRATAQUE

José María Arquimbau

¿Dejaremos de ser intolerantes?

El periodista Basilio Trilles iniciaba hace unos días un artículo en este mismo periódico diciendo: «Creíamos que lo habíamos visto todo en plan cafrada», en relación con el tema de los cambios de nombres de calles y plazas de Castellón, a raíz del increíble censo elaborado por la Conselleria de Calidad Democrática y que ha levantado ampollas en muchos sectores de la ciudad y entre mucha gente de bien que votan cosas distintas.

¿No puede un Ayuntamiento decidir sobre las calles de su municipio? ¿Tiene que llegar una Conselleria para indicarlo? ¿Eso es autonomía? Con todo el respeto que merezca, ¿qué sabrá la consellera sobre ciudadanos ilustres de esta ciudad? Con el mismo respeto, hago esta misma pregunta a los miembros del Grup pera la Recerca de la Memoria Histórica de Castelló.

Para no quedar en ridículo, lo tenían muy fácil. Simplemente con pedir la opinión del actual cronista Antonio Gascó, persona de acreditadísima formación, brillante currículum, y formación universitaria hubieran acertado.

A Dios gracias he tenido ocasión de tratar por diversas razones con muchos de esos ilustres castellonenses a quienes se pretende poner en evidencia y retirar sus nombres de las calles que durante décadas los han llevado orgullosamente y con la complacencia de todos sus vecinos.

Ángel Sánchez Gozalbo y Lluís Revest, por ejemplo, fueron creadores de la Sociedad Castellonense de Cultura y firmantes de Les Normes de Castelló sobre nuestra lengua. ¿Tendrían la misma opinión si esas normas en lugar de Castelló hubieran llevado el nombre de Valencia o Cataluña?

Don Vicente Altava fue un médico excepcional. Aquí como consecuencia del cultivo del arroz y la existencia de ratones había muchas enfermedades que acabaron por sus estudios.

Mi padre fue taxista toda su vida, comenzando incluso con los carruajes de caballos. Pero ya en los años 40 y 50 llevó en más de una ocasión a los doctores Altava y Palomo a operar en algunos pueblos, dónde se tenían que apagar todas las luces para que hubiera luz suficiente en la casa donde iban a intervenir.

50 calles en obras

El alcalde Carlos Fabra Andrés fue un gran alcalde. En un momento dado llegó a tener 50 calles en obras, sustituyendo el viejo adoquinado por un moderno asfaltado. Abrió la avenida Rey don Jaime derribando algunas viejas manzanas de edificios que su cese impidió prolongar. Y a su permanente insistencia se debió la creación del Obispado de Segorbe-Castellón. Un día del Corpus fue a visitar al obispo de Tortosa Moll i Salord en el palacio de la calle Gobernador, para pedirle la creación de dicho obispado. ¿Y para qué quiere un obispo? El alcalde le contestó: «Mire, porque aumentarán las vocaciones religiosas, la fe del pueblo, etc». Y el obispo insistió: ¿Y para qué más? Ya sin saber que contestarle Carlos Fabra le indicó: «Porque en una procesión como la de hoy saldrá usted revestido espectacularmente acompañado de muchos sacerdotes y dará brillo a la procesión». Entonces, Moll i Salord acabó diciéndole: «Entonces usted no quiere un obispo, quiere un payaso».

¿Y qué decir de Vicente Traver Tomás, que impulsó la reconstrucción de Santa María que un Ayuntamiento de izquierdas acordó derribar? ¿Sería justo que porque aquellos concejales eran de una determinada filiación política hoy no pudieran servir al pueblo gente de esos partidos?

Podría seguir escribiendo de algunos personajes muy importantes en la historia de Castellón, pero sin duda que lo hacen voces más cualificadas. Y por favor seamos tolerantes con los que no piensan como nosotros y más después de tantos años.

Periodista

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