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Mª Ángeles Pallarés

Sánchez y la gobernanza mal entendida

El presidente y su equipo de Gobierno someten a la ciudadanía a una gestión demasiado inestable

Cuando las palabras no van acompañadas de los hechos que promulgan, pierden todo su sentido; se convierten en palabras vacías, cortinas de humo y promesas incumplidas. Es lo que sucede con el discurso propagandista de Pedro Sánchez. El presidente y su equipo de gobierno, socios rebeldes incluidos, se han llenado la boca en sus comparecencias y declaraciones públicas enarbolando la bandera de la gobernanza como propia y genuina.

La RAE define gobernanza como la forma de gobierno basada en la interrelación equilibrada del Estado, la sociedad civil y el mercado para lograr un desarrollo económico, social e institucional estable. Si analizamos todo lo acontecido desde que Sánchez asumió la presidencia del Estado, el equilibrio entre los agentes implicados reina por su ausencia. De hecho, la inestabilidad, incluso en el seno del gobierno, es patente. Sin embargo, los constantes enfrentamientos y conflictos internos que, desde un principio, han sido la tónica habitual en el bautizado, por motivos obvios, Gobierno Frankenstein, no es el problema más grave.

Mientras ellos andan metidos en trifulcas, quizá, no sería de extrañar, previamente pactadas con alevosía y premeditación para dejar desatendidas sus obligaciones más urgentes con la excusa de buscar consensos, la sociedad civil, esa a la que presumiblemente dicen proteger, está desamparada y abandonada a su suerte.

El volcán de Cumbre Vieja

Un claro ejemplo de ello lo encontramos en los afectados por la erupción del volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, que han sido testigos de cómo la lava devoraba sus casas, su medio de vida, su esperanza… y, al mismo tiempo que la destrucción avanzaba implacable, Pedro Sánchez anunciaba a los cuatro vientos unas ayudas que, como siempre, si llegan, ya llegarán tarde. De momento, su forma de demostrar su apoyo a los palmeros ha sido comer plátanos de Canarias ante las cámaras. Complicado valorar qué beneficio obtendrán con ese estrambótico gesto las cientos de familias arruinadas y sin hogar que el volcán va dejando en su rastro de devastación, pero, intuyo, que ninguno.

De nuevo, y como se ha comprobado en incontables ocasiones, la solidaridad llega de la mano de los mismos vecinos y de entidades sin ánimo de lucro que se vuelcan en atender a aquellos que lo han perdido todo y a los que el Estado, parapetándose en la burocracia y perdiendo un tiempo precioso en vacuas luchas internas, ha desasistido. Estamos ante una catástrofe de grandes dimensiones que precisa de actuaciones y medidas urgentes y es obligación y responsabilidad del Gobierno acometerlas de inmediato, con eficiencia y sin dilación. Las palabras no sirven de cobijo cuando no se tiene hogar ni recursos.

Otro ejemplo de desamparo, no tan cruel y destructor como los ríos de lava, pero que refleja el vilipendio al que el Gobierno somete a la ciudadanía y las nefastas consecuencias de su gestión, son el encarecimiento de la luz, combustibles, bienes de primera necesidad, subida de impuestos y la eterna demora en la puesta en marcha de infraestructuras necesarias para garantizar el desarrollo económico y social. En resumen, no es la gobernanza precisamente el término más idóneo que Sánchez y los suyos debieran emplear para definir su forma de gobernar, sería más prudente y adecuado utilizar un antónimo. Al menos, de palabrería sí saben; de hechos, permitan que lo dude.

Alcaldesa de Canet lo Roig y diputada provincial

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