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Pablo Sebastiá

PUNTO DE VISTA

Pablo Sebastiá

¡Alarma!

España se queda sin alcohol. Las distribuidoras de bebidas espirituosas ya están sintiendo los devastadores efectos del covid y el Brexit en su versión etílica. Hasta febrero de 2022 vamos a padecer una importante carestía de licores. Lo que implica, necesariamente, el aumento de su precio. Los británicos van a dejar de mandarnos ginebra y güisqui. Y los rusos nos mandarán menos vodka. Si los franceses y alemanes se suman a esto las pasaremos más putas que Caín.

¿Se imaginan, queridos lectores, qué podría pasar si la cultura tabernera patria se viera reducida a su mínima expresión? ¿Qué pasaría si el científico, el seleccionador, el vulcanólogo y el virólogo de barra de bar se quedara sin su merecidísimo sol y sombra mañanero? ¿Hasta dónde podría llegar la zozobra cultural nacional si a las cuatro de la tarde no pudiera tomarse su coñaquito, vaquerito, chupito o copón de balón?

No crean que exagero. Las redes sociales están repletas de comentarios interesantísimos escritos por personajes borrachos como una cuba. Solo así puede entenderse su brillantez y la contemporización de sus reflexiones. Si esa tropa tiene que responder a un comentario de Facebook sobria… ¿Qué puede llegar a pasar? Sería el fin del mundo tal y como lo conocemos estos últimos años. ¿Qué será de nosotros si el rey de la barra del bar que siempre está abierto no puede escupir en el suelo tras mordisquear su palillo y degustar su copazo de media tarde de martes?

¡Ay, destino, no nos juegues tamaña pasada!

Escritor

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