Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Carlos Hidalgo

LA RUEDA

Carlos Hidalgo

La princesa nipona

Japón es un lugar complicado para vivir si se es mujer y se pertenece a la familia real.ace casi 30 años, la emperatriz Michiko perdió la voz durante casi un año a causa del estrés al que estuvo sometida, por tomar la atrevida decisión de amamantar ella misma a sus hijos.

La tradición dicta que los niños deben de ser educados por tutores, lejos de sus padres. Diez años después, la nuera de Michiko, la actual emperatriz Masako, tuvo que retirarse de sus funciones públicas debido a la depresión que padeció ocasionada por el acoso de los medios, al no haber podido dar a luz un hijo varón.

A principios de mes, la casa imperial reveló que la nieta de Michiko, la princesa Mako, había sufrido un trastorno de estrés postraumático debido a la implacable desaprobación pública por elegir a un novio plebeyo, Kei Komuro.

Durante tres años, la pareja ha estado separada sin verse en persona mientras conseguían superar todos los inconvenientes hasta poder casarse el pasado martes. Para ello, la princesa ha tenido que renunciar a todos sus derechos principescos, a su estatus y a una dote de un millón de euros.

También ha tenido que rehusar una tiara de diamantes y joyas imperiales que le entregaron al cumplir los 20 años.

Tan atípica ha sido la boda que Mako se ha atrevido además a enfrentarse a la superstición nipona que dicta que las novias no deben llevar perlas durante el día de su matrimonio, pues para los nipones las perlas simbolizan las lágrimas que se van a derramar durante los años del matrimonio.

Kei y Mako, ya marido y mujer, han dado las gracias a quienes les han apoyado y han pedido perdón a quienes no están de acuerdo con su boda. «Solo contamos con una vida y queremos pasarla juntos», han declarado.

Y es que para disfrutar de un amor pleno no es necesario que sea perfecto, sino auténtico.

*Psicólogo clínico

(www.carloshidalgo.es)

Compartir el artículo

stats