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El Periódico Mediterráneo

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Pablo Sebastiá

PUNTO DE VISTA

Pablo Sebastiá

Antonia Tirado Ramos

Ayer enterramos a mi madre. Falleció a los 86 años, tras una vida de lucha, mucho sacrificio y servicio.

Luchó, como muchas mujeres de su generación, contra las imposiciones de un mundo que no quería verlas abandonar un discreto segundo plano en la sociedad. Ya de niña tuvo que lidiar con algún que otro guardia malcarado, y quién sabe si también resentido, que pretendía impedir que realizara su trabajo en la ciudad, repartiendo leche y carne de la carnicería de mi abuelo. Luchó contra costumbres en apariencia inamovibles, herméticas y a veces violentas. Machistas en su mayoría. Nunca quiso aceptarlas, aunque tuvo que tratarlas.

Se sacrificó, como muchas mujeres de su generación, por su familia. Lo dio todo por su marido, hijos y nietos. Y también por sus hermanos y padres. Sacrificó su juventud, sus anhelos y quizá muchas ilusiones. Y lo hizo por amor. El que profesa una madre por aquellos a quienes ha parido.

Y siempre, absolutamente siempre, estuvo al servicio de su comunidad. Al servicio de la empresa familiar. De sus parientes... Ya fueran tíos, primos o sobrinos. De sus vecinos, en Castellón y Benicàssim. Y de sus amigos, a quienes tantas veces nombraba en las reuniones familiares.

Se ha ido Antonia, Tonica. La hermosa Tonica. Con su cabello rubio, sus ojos azules y finos rasgos faciales. Y su mala leche, todo sea dicho de paso, pues tenía bastante mal genio cuando algo le entraba torcido.

Allí donde esté, sé que brillará con luz propia. Y que dejará en buen lugar a todas aquellas mujeres que levantaron este país. Este mundo. Para convertirlo en un lugar mejor.

Escritor

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