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El Periódico Mediterráneo

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Basilio Trilles

BABOR Y ESTRIBOR

Basilio Trilles

Blanqueo bilduetarra

Antes de poner fin al segundo año del sin vivir por el covid-19, amarga preocupación que nos tiene obnubilados y en la desmemoria, una vez más deseo recordar qué era y es ETA, esa recua de asesinos mafiosos que ni ha entregado las armas ni ha pedido perdón. De momento, los sicarios de la capucha no disparan a la nuca de inocentes como Miguel Ángel Blanco. Digo de momento porque pese a las letanías interesadas de cierta política bastarda ningún español cuerdo puede estar plenamente seguro de que la bestia ha desaparecido para siempre. Mientras transcurre el benévolo periodo de cese de la actividad criminal de ETA, sus cómplices siguen en el indecente proceso de blanqueamiento de los huevos de la serpiente. Así vemos cómo avanza en su estrategia EH Bildu, dando calor y apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez y, por tanto, cobrando sabroso rédito. En consonancia con los compañeros de mascarada: llámense ERC, Junts, PDeCAT y PNV, todos ellos independentistas y en la permanente ensoñación de acabar con la unidad de España mediante el derribo del Régimen constitucional del 78 y, por ende, el derrocamiento de la Monarquía parlamentaria. Y el país hecho unos zorros.

El pasado 11 de diciembre se cumplió el treinta y cuatro aniversario del brutal atentado de ETA a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza. Los gudaris del crimen organizado hicieron estallar un coche bomba con doscientos cincuenta kilos de amonal que provocó el derrumbe de parte del edificio, causando once muertos y ochenta y ocho heridos. Por aquello de que las cifras son frías, conviene recordar que en semejante operación de «ataque a las fuerzas opresoras» dirigida por Josu Ternera, los valientes etarras exterminaron a dos familias al completo: la integrada por el matrimonio Pino-Fernández y su hija Silvia, de 7 años; y la del matrimonio Capilla-Franco y su hija Rocío, de 12 años. La decisión de Ternera también acabó con las vidas de José Ballarín y su hija Silvia, de 6 años. Nómina de muerte a la que hay que añadir a las gemelas Miriam y Esther Barrera, de 3 años, y el tío de las mismas, Ángel Alcaraz, de 17 años. Nunca podré olvidar las primeras imágenes que llegaron al periódico, yo entonces dirigía Castellón Diario. Curiosamente en la redacción nos impactaron especialmente unas fotos en la que se podían ver los juguetes embalados y listos para Papá Noel que una de las familias asesinadas guardaba en el armario de la habitación, destruida por la bomba que detonó Henri Parot, alimaña a la que se le atribuyen hasta ochenta y ocho muertes.

Traslado de prisión

El pasado abril Parot fue trasladado a la cárcel de Mansilla de las Mulas, en León, gozando de los beneficios de la política de acercamiento de los presos de ETA al País Vasco. Una instalación muy alejada de las duras medidas que hasta el momento le habían sido aplicadas en el Puerto de Santa María. El siguiente traslado puede ser a un balneario en una playa donostiarra. Deleznable.

En el acto de homenaje realizado a las víctimas del atentado de Zaragoza, el alcalde de la ciudad, el popular José Azcón, hizo memoria sin tibiezas asegurando: «Sigue habiendo demasiadas acciones terroristas sin resolver y siguen habiendo demasiados etarras sin pagar sus culpas, como es el caso de Josu Ternera». Azcón puso el dedo en la llaga al referirse a EH Bildu: «Los herederos de ETA actúan con absoluto cinismo e hipocresía, miden sus palabras al milímetro para impostar una falsa imagen de haber sido demócratas de toda la vida, pero sus hechos les siguen retratando». Estoy con Azcón, hay que destapar a los bilduetarras. El camino contrario nos lleva a la traición a las víctimas.

Periodista y escritor

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