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El Periódico Mediterráneo

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Rubén Ibañez

A FONDO

Rubén Ibáñez

Sigue la incertidumbre

Los mimbres con los que se encara 2022 son sin duda débiles tras superar otro año convulso

En las puertas de dar carpetazo al año 2021 nos adentramos, nuevamente, ante la incertidumbre de un nuevo año, que nace con unos mimbres y una base que precisamente no invita al optimismo. El año 2021 ha sido un año convulso en lo social, en lo económico y en lo político. Hemos asistido ha una cadena de errores, sinrazones y una pandemia, que han forjado un cóctel letal para miles de españoles. Durante 2021 la gestión política no ha estado a la altura de las necesidades de los ciudadanos.

Los mimbres con los que se encara 2022 son sin duda débiles, nacidos de unas previsiones económicas erróneas y de un mantra, el de los fondos europeos, que nadie acierta a focalizar. Entre tanto anuncio, y tanta espera, miles de valencianos se quedarán en el camino, dado que ni las ayudas son las que se dicen, ni la realidad la que se dibuja. Solo el compromiso de la solidaridad, el esfuerzo mutuo y de la humanización de la política, pueden hacer mas llevadera la travesía quede debemos emprender. Los ciudadanos, intentando sacar su vida adelante, los políticos ayudando a que la vida de todos salga adelante. No hay otra, no caben atajos, reservas o complejos, el año 2022 debe ser el año en el que todos, seamos capaces de fortalecer el todo.

Un momento decadente

Sin embargo, esos nobles propósitos no tienen un horizonte cierto o claro. Si la vida de los ciudadanos no pasa por el mejor momento, ni en lo personal ni en lo económico, la vida política pasa por un momento decadente, ausente y con pérdida de realismo y empatía. En pleno desastre social donde las víctimas que día a día engrosan una lista que tristemente casi nadie le da la relevancia que debería tener, la política nacional se empeña en hablar de cuestiones intrascendentes, en lugar de centrar sus esfuerzos en salvar vidas. Se empeñan en crear una educación sin méritos ni capacidades, en lugar de formar personas en valores y conocimientos. No cabe mayor desprecio a la vida actual que utilizar artificiosamente la política, en plena pandemia, para fines ideológicos y no lógicos. Lo lógico, lo que dicta el sentido común, es que hoy la política estuviera hablando de cómo generamos conocimiento, a través de la investigación, para detener la masacre del covid y de proteger a nuestros vecinos más si cabe. La lógica, y el sentido común, dicen que la política debería fortalecer la economía, protegiendo a quienes hicieron de su vida un proyecto empresarial, con firme vocación de servir y ayudar a los demás. Pero no, la política se empeña en seguir otorgando carnets de buenos españoles y malos, de solidarios e insolidarios, de responsables y de irresponsables, mientras la vida de los ciudadanos pasa sin más solución.

Creo sinceramente que el movimiento de nueva política ha traído precisamente las cuestiones más poco útiles de la política. Tacticismos, estrategia, control de la comunicación, son dignos atributos de quienes quieren ganar unas elecciones, pero no son de utilidad cuando la vida de millones de personas requiere respuestas. Para dar respuestas, la política precisa de líderes, de toma de decisiones, de empatía y de humanizar cada medida a tomar.

En plena crisis social y económica hay que decidir qué hacer con la vida de las personas, cómo ayudar a que salgan adelante, cómo fomentar el empleo y la actividad económica, en definitiva, cómo poner en marcha un país, en lugar de buscar culpables para ocultar la incompetencia de la gestión. Es esa la gran incertidumbre de 2022, ¿cómo se gestionará esta crisis? Y la respuesta desgraciadamente se desconoce. Tenemos un gobierno nacional que juega a tácticas y a encuestas, tenemos un gobierno autonómico que no lidera y no quiere ofender al gobierno de España, en definitiva, hay un gobierno nacional y autonómico que ha decidido que la solución es, ninguna. Don tancredo no lo haría mejor.

El año 2022 debe ser el año de las personas, de volver a dar valor a la vida, de empujar a la actividad económica, de apoyar a todo el personal sanitario, social o de servicios que quieren en lugar de aplausos, dignidad en sus empleos, de creer en nuestros autónomos y emprendedores impulsando un marco fiscal y administrativos propicio para su desarrollo. Estos deberían ser los objetivos, pero desgraciadamente las realidad están llenas de incertidumbres y de dudas.

Diputado del PPCV en Les Corts

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