Suscríbete

El Periódico Mediterráneo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Gascó

COSAS MÍAS

Antonio Gascó

Histórica Navidad

Acabamos de dejar atrás la Nochebuena y la Navidad, así que se me antoja que puede ser un buen momento para hacer referencia a algunos aspectos poco divulgados de las mismas. Es sabido que en tiempos del emperador Constantino, a quien se debe la conversión del cristianismo en la religión oficial del imperio romano, se sustituyó por la de la Navidad, la conmemoración de las Saturnales, activas desde el 217 a.C. En ellas eran habituales los banquetes públicos, las danzas, el descanso o libertad para los esclavos y los regalos entre ellos y para ellos. Un elemento referencial y representativo lo encarnaban las velas y las antorchas, que se encendían evocando el albor del solsticio de invierno o celebración del sol invictus, el 25 de diciembre (calendario Juliano). Todo ello se metamorfoseó en el dies natalis Iesu, por obra y gracia del papa San Julio I en la primera mitad del siglo IV. De este modo, se asumieron en la fiesta cristiana, referencias ancestrales.

En el medievo, cuando se cristianizaron los territorios del norte de Europa, se agregaron a las tradiciones romanas las de los pueblos célticos. Sirva de ejemplo la del Yule, en que se guardaban en las casas árboles perennes como los abetos, como símbolo del posterior renacimiento primaveral. Era la evocación del Yggdrasil, el gran fresno, al que honraban con opíparas comidas regadas con abundante hidromiel, el licor manifestado por Odín, el padre de los dioses vikingos, como su predilecto. No estamos tan lejos, como se puede ver, de esos acontecimientos milenarios.

Cronista oficial de Castelló

Compartir el artículo

stats