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El Periódico Mediterráneo

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Basilio Trilles

BABOR Y ESTRIBOR

Basilio Trilles

Raphael

Raphael vino al mundo cuando Churchill le echaba cables Franco desde la Cámara de los Comunes. Meses antes de que el genio de Linares abriera los ojos a la vida, el dictador había pasado información a los Aliados para la Operación Torch, el primer gran desembarco angloamericano en el Norte de África. Con el tiempo Raphael sería el más internacional de los cantantes españoles e icono de la España de los Planes de Desarrollo, del país de moda que propició la llegada masiva de turistas del otro lado de los Pirineos. Entonces, lenguas de doble filo aseguraban que Carmen Polo, esposa de Franco, estaba enamorada artísticamente del joven cantante que llenaba estadios, plazas de toros y reventaba las taquillas de los cines con sus películas. Junto a figuras del momento como Lola Flores, Carmen Sevilla, Víctor Manuel y Ana Belén, Raphael era asiduo invitado en la fiesta del Día del Alzamiento, organizada por Doña Carmen en El Pardo. En 1971, con la anuencia del Caudillo, realizó la primera gira por la Unión Soviética, y nueve años más tarde recibió en aquel país, faro del comunismo, el Disco de Uranio tras haber logrado vender 50 millones de discos. Fue el primer artista ajeno a las naciones satélite de la URSS en saltar el Telón de Acero y aglutinar a millones de fans. Él no era Nino Bravo, ni cantaba Libre, tema homenaje al primer asesinado en el Muro de Berlín.

El NODO y Televisión Española dieron fiel testimonio de la época en la que Raphael gozaba del favor del Régimen. Hoy trata de soltar lastre de aquella relación que tanto beneficio aportó a su talento. Y ahí sigue, en la cumbre, con más 60 años de escenarios. Ahora dice que vuelve al cine, de actor. Eterno, Raphael.

Periodista y escritor

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