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El Periódico Mediterráneo

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Pablo Sebastiá

PUNTO DE VISTA

Pablo Sebastiá

¡No hay derecho!

El pasado martes acudí al vacunódromo del Hospital General para que me administraran la tercera dosis.

Quiero que queden claras dos cosas antes de continuar con lo que quiero decirles. Primero, soy un ferviente defensor de la ciencia. De la medicina. De las vacunas, de todas ellas, sin excepción. No hay más tonto que un antivacunas o un terraplanista. Segundo, el servicio que prestan los sanitarios del recinto es impecable. Frente a lo que me han contado que sucede en otros hospitales de la provincia, el trato que recibí y la organización fueron extraordinarios.

Dicho esto, vamos al lío. Tras el pinchazo sufrí una mala, malísima, reacción. La segunda dosis ya me sentó mal pero lo que he experimentado con esta tercera no tiene el menor sentido. Desde la mañana del martes hasta la del jueves sufrí muchísimo dolor muscular, mareos, fiebre, nauseas, dolor de cabeza, malestar general, etc. Padecí tanto como si hubiera pillado al maldito bicho. Como si mis defensas estuvieran librando el desembarco de Normandía contra el virus.

Cuando aparecieron las primeras vacunas, hace ya un año, era comprensible que pudieran causar estos efectos. Pero hoy, un año después, ya no. Ha habido tiempo de sobra para trabajar en ellas, suavizar sus efectos secundarios, mejorar su asimilación por el organismo, etc. No soy médico, no me atreveré a decir exactamente qué se ha podido hacer. Pero sí diré que no hay derecho a que tantos pacientes suframos unos efectos tan adversos tras su administración.

Escritor

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