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El lápiz de la luna

¿Cómo le gusta?

Dos camareros trabajan en una terraza.

Poco se habla del sector de la hostelería. Poco se habla y menos se valora.

El otro día me hallaba sentada en una de las muchas terrazas de la ciudad y una señora, en la mesa vecina, le pidió un vaso de agua al camarero. El hombre le respondió con una sencilla frase: "¿Cómo le gusta?". La señora le dijo fría y con gas. Ese "¿Cómo le gusta?" me pareció que escondía un mimo y un cuidado hacia el otro enternecedor. Las personas que me acompañaban en la mesa echaron por tierra mi mirada poética con un: "Es su trabajo". Sí, vale, de acuerdo. Pero el camarero podría haber dicho "¿cómo la quiere?" y, entre un "¿cómo le gusta y cómo la quiere?", me van a disculpar ustedes el romanticismo, pero me parece que hay una ternura digna de agradecer en los tiempos que corren, donde la empatía es más un empamí.

En ese momento –y en muchos otros– me di cuenta de lo denostadas que están las profesiones vinculadas a la hostelería y, sin embargo, si no fuera por los camareros, cocineras, limpiadoras, no podríamos darnos las vacaciones que nos regalamos a cuerpo de rey. Lo comenté con mis compañeros de terraza: imagínense ustedes que se van de fin de semana a un hotel y les dicen que las comidas se las tienen que preparar ustedes o que deben limpiar la habitación a diario, salvo que quieran vacacionar con la roña. Gracias a estos trabajadores podemos descansar y despreocuparnos por unos días de nuestras obligaciones. Como podrán imaginar, hubo quien dijo "para eso les pagan" y se me antojó cruel y casposo el comentario. Sí, cobran por lo que hacen, como mismo cobro yo y el otro y el otro. Bonito fuera que no. Pero, aunque estén haciendo su trabajo, hacerlo con mimo marca la diferencia. Y ese "¿cómo le gusta?" para mí la marcó. El dinero no garantiza el trato. Eso lo da la calidad humana del trabajador. Así que, después de ese día, vengo dándole vueltas a eso de hacerles un guiño a quienes trabajan en el sector de la hostelería y que hacen posible, gracias a la labor que desempeñan, que uno pueda pararse a descansar. Y no, no me apetece leer comentarios del tipo: "Sí, pero también los hay antipáticos". Claro. Hay camareros antipáticos como hay jueces necios y políticos corruptos y psicólogos mezquinos. La calidad no la da el cargo. Por eso me gustaría que esta reflexión les haga cambiar la mirada y cuando sean atendidos en la barra de un bar, en la terraza de un restaurante, en la piscina de un hotel vean más allá de un uniforme. Porque hay una persona que está cuidando de ti y al que, como mínimo, además de la propina, deberíamos dejarles otro poquito de mimo también. ¿No creen?

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