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El Periódico Mediterráneo

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Pere Cervantes

AL CONTRATAQUE

Pere Cervantes

Cualquier tiempo pasado fue mejor (o no)

Hay ciertas disputas a la hora de interpretar las intenciones de Jorge Manrique cuando en las Coplas por la muerte de su padre escribió «cualquier tiempo pasado fue mejor». Y es que antes de ese verso existe este otro: «cómo a nuestro parecer». Siendo en este último donde radica la interpretación de la célebre cita literaria tan socorrida y a la vez tan discutida. ¿Acaso vivíamos mejor antes que ahora? Si en algo no albergo dudas es que la vida, hace cuarenta años, era mucho más sencilla. Sin embargo, cuando recorro los recovecos de mi adolescencia y evoco ciertos pasajes, todo se desmorona.

En esos años en los que llegó a número uno Boy Town Gang con su Can,t take my eyes of you o Laura Branigan con su Gloria, las calles de mi ciudad eran peligrosas. Corría la heroína como aguas residuales que se colaban en parques y canchas de fútbol sala o baloncesto, tanto que a veces cuando uno chutaba lo hacía a la vez al balón y a una jeringuilla, los atracos a mano armada eran habituales en sucursales bancarias y no se olvide, también existían pederastas y agresores sexuales. Y aun así es bien cierto que los niños de entonces frecuentábamos la calle, esa extensión de nuestro hogar a falta de una buena terraza o un jardín en el que poder jugar. En tiempo pasados la precariedad iba de la mano del trabajador de a pie. Recuerdo cómo celebraron mis padres, allá por el año 1986, el poder viajar en avión a Viena para visitar a un familiar. Fue todo un acontecimiento del que presumí en el colegio durante varias semanas.

Motocicletas sin casco

Si nos detenemos a hablar de las normas de seguridad quizás también dibujemos una sonrisa con nuestros labios al comparar cómo crecimos y cómo lo hacen ahora nuestros hijos. ¿Recuerda cómo viajábamos en el interior de un coche? Ese artilugio llamado cinturón de seguridad que no era más que un adorno. O esas primeras motocicletas sin casco, dejando que el aire nos acariciara el rostro y sintiéramos la tan pretendida libertad, desatendiendo el riesgo que ello conllevaba.

Con el paso del tiempo todos somos algo más miedosos. Un mundo global es aquel que pretende hacernos partícipes de todo aquello que acontece en el planeta. Por tal motivo andamos con los hombros pesados, resultando todo una condena las desgracias que tenemos que soportar. Esta misma semana, otra matanza en un colegio americano, la viruela del mono y una guerra que no cesa. En los ochenta apenas nos enterábamos de lo que ocurría más allá de nuestro barrio. Las noticias de ámbito nacional casi siempre nos quedaban lejos y las internacionales parecían ciencia ficción.

A modo de conclusión diré que es difícil establecer la comparación entre un tiempo pasado y el presente sin que en ello se cuelen juicios tan subjetivos que terminan cubriendo con un velo la deseada imparcialidad. De hecho yo mismo no me atrevo a decantarme por el pasado por el hecho de que nuestra memoria selectiva borra de un plumazo las experiencias negativas y enmarca con pan de oro ciertos momentos vividos. Pero una cosa sí le digo, es una verdad irrefutable que en los ochenta sabían mejor los tomates y los veranos transcurrían a cámara lenta bajo el sabor de un Frigodedo. Por otro lado, el presente se puede tocar, existe, y aunque nos pueda parecer por momentos que todo se ha ido al carajo, solo tiene que acudir a una hemeroteca para constatar que el mundo siempre ha sido una extraña montaña rusa.

Escritor

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