Suscríbete

El Periódico Mediterráneo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Paco Mariscal

Al contraataque

Paco Mariscal

Cenit y nadir

Ustedes --vecinos y allegados de «les comarques castellonenques», como nos enseñó Quiquet de Castalia--, ustedes, digo, oyeron mil veces aquello de que el sol está en su cenit, en lo más alto, como estos días hacia el mediodía en la Plana, el Maestrat y l’Alcalatén. Los sabuesos de la astronomía afirman que el cenit es el punto más elevado del hemisferio celeste sobre la vertical del lugar donde nos encontramos, lo cual posee validez también junto a las orillas del Riu Sec. El punto opuesto al cenit, también en el hemisferio celeste, pero a 180º del mismo, se denomina nadir, vocablo de resonancias árabes que en la lengua de los saudíes viene a referirse al lugar contrario al otro extremo.

Estos días de calores, humedad y mosquitos adelantados, tendríamos que buscar una sombra acogedora para protegernos de los extremos, del cenit y el nadir. Una sombra, con toros incluidos, que bien podría ser el ambiente festivo en torno a Sant Joan y Sant Pere --Sant Joan tira a Sant Pere/ per una escala a redolons,/ i Sant Pere li reganya:/ Veges quines bromes, recollons!--, ese ambiente anima nuestro Grau y varias poblaciones del interior. Lejos del nadir y el cenit, de los extremos, tropezamos también estos días con la equilibrada postura de José Martí, el presidente de la provincial Diputación, en torno a los toros. Las polémicas y animadversiones entre taurinos y antitaurinos tienen ya varios siglos de historia en las tierras hispanas. La Ilustración del XVIII prohibió los festejos durante una temporada, a guisa de ejemplo. A la reina emérita Doña Sofía no se la vio nunca en una corrida de toros. Pablo Picasso o Grace de Mónaco fueron entusiastas del coso taurino. De donde se deduce que lo mejor es la sombra equilibrada del punto medio.

Pero la sombra se disipa como la niebla porque la reflexión de estos días, también en las márgenes del Riu Sec, nos conduce a un cenit trágico y humanamente desastroso: el suelo cubierto de muertos y heridos junto a la reja de Beni Enzar por donde Melilla, de un lado; y del otro nos conduce a San Antonio, por donde el estado de Texas, al otro lado del charco, y nos deja entrever un enorme camión con medio centenar de hispanos muertos por asfixia cuando huían de la miseria. Los culpables son perros de muchas bodas y bodas de muchos perros. La hambruna, las mafias, las guerras, los regímenes totalitarios, el egoísmo de los supremacistas, las expectativas que terminan en el fondo del océano o en una fosa común. Trágicas y reales escenas shakespearianas que intranquilizan y no pueden caer en el olvido.

Y a 180º, en la otra punta, en el nadir del Riu Sec, entre Sant Joan y Sant Pere, viene a observar uno, no una tragedia sino un sainete, una comedia sin gracia o una astracanada disparatada que originan hilaridad o algazara. ¿Qué otra cosa fue la moción de censura y el cambio de alcalde en la laboriosa población de la Vilavella? ¿Qué moro, judío o cristiano es capaz de entender el desaguisado, nunca explicado, de algunos personajes que ridiculizan la noble política de la gestión municipal? Y en ese mismo nadir sainetesco, las declaraciones radiofónicas de la munícipe principal de la capital de la Plana, la honra y el orgullo con que lleva la alcaldía, que es un orgullo genealógico; la exageración irrisoria de que aquí estamos en lo más alto con un clima social fantástico o la más maravillosa y extraordinaria ciudad del mundo mundial. Vamos que nos copian en Vitoria-Gasteiz y somos la envidia de los vecinos de Malmö, aunque se nos amontonen los problemas y la falta de respuestas de la alcaldesa a preguntas clave.

Entre Sant Joan y Sant Pere, uno se queda con Quiquet de Castalia, el cavaller de la vila i raval, que lucía el blusón negro en la romería de acá, cuando eso era una extrañeza.

Compartir el artículo

stats