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El Periódico Mediterráneo

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Francesc Michavila

INQUIETUDES DE UN EUROPEO

Francesc Michavila

Un verano lleno de incertidumbre

Este estío recuerda en cierto modo los últimos años de la Belle Époque, por la inestabilidad permanente entre las naciones europeas

Un dicho popular dice que el calor despierta bajas pasiones. No cabe duda, las elevadas temperaturas propician que la ansiedad domine el comportamiento de los seres humanos. El verano es más sensual que racional. Un tiempo de tregua para la acción reflexiva, cuando las vacaciones se convierten en la principal prioridad y los meses de la canícula invitan a no pensar en demasía, solo preocuparse por recuperar las fuerzas gastadas con el trabajo de todo un año. Luego, tiempo habrá para la llamada vuelta a la normalidad que traerá septiembre, para la rentrée como la llaman los franceses.

Con pocos ánimos andamos ahora, sometidos por el calor, en un verano lleno de incertidumbre. Los asuntos sociales y los acontecimientos internacionales de estos días solo dan pie a malas noticias; algunas vuelven nuevamente a nuestras vidas, como son las incertidumbres económicas, con las que convivíamos diariamente hace apenas un decenio, otras son de nuevo cuño, pues para encontrar antecedentes suyos habría que remontarse a la primera mitad del pasado siglo, así ocurre con una guerra a las puertas de la Unión Europea, donde mueren europeos y su sangre riega tierras europeas.

Sí, la guerra de Ucrania --la invasión opresora decidida por el dictador Putin para aplastar a quienes se oponían a su voluntad imperial-- llena de incertidumbre la existencia de los europeos en la hora actual. La incertidumbre de no saber cómo ni cuándo acabará, ni cuánto daño más afligirá al pueblo de Ucrania por haber creído que eran totalmente libres para decidir su futuro. Una lucha entre pueblos afines enfrentados, dirán algunos, una nueva pelea entre eslavos; otros añadirán que no hay un enfrentamiento de mayor encono que el que surge entre hermanos. ¡Qué más da que sean próximos o lejanos, con un pasado común o no! La cuestión clave se llama libertad, quizás el más bello de todos los nombres, la causa más justa para sentirse solidarios con el pueblo de Ucrania, agredido, e incluso, martirizado.

La unión de los europeos se fundó sobre la paz, tras la hecatombe de la segunda guerra mundial causada por el acceso al poder de los totalitarismos, de nazis y fascistas, en varios países europeos liderados por la Alemania del Tercer Reich. Una paz que dio lugar al primer paso unificador con el Tratado de Roma en 1957 y el nacimiento de la Comunidad Económica Europea, transformada en 1992 en la actual Unión Europea mediante el Tratado de Maastrich.

Esa paz dio lugar a un periodo prolongado de crecimiento económico y progreso social, gracias a la reconciliación de Francia y Alemania tras tres cuartos de siglo enfrentados con las armas en las manos, en tres guerras consecutivas. La simbólica imagen de la visita en 1984 de François Mitterrand y Helmut Kohl al escenario de la batalla de Verdun, donde ocurrió la mayor carnicería de la Primera Guerra Mundial, cogidos de la mano simbolizaban el camino correcto para construir el futuro.

La mayor victoria, evitar las muertes

Los papeles están claros: Rusia es la agresora y Ucrania es la agredida. También está claro que la búsqueda de la paz, el abandono de las armas, es el único camino a seguir. ¡Abajo las armas!, como tituló en 1889 su famosa novela sobre las guerras ocurridas en las tierras europeas durante la segunda mitad del siglo XIX la escritora, Premio Nobel de la Paz en 1905, Berta von Suttner. No hay mayor victoria que evitar la muerte de una sola persona, ese ha de ser el fin primordial de la política que deben promover los países europeos.

No se trata de claudicar y adoptar la actitud que denunciaba Bertolt Brecht en su obra de teatro El círculo de tiza caucasiano, o sea que «mientras no nos afecte a nosotros directamente no deberíamos hacer nada». Pero el logro de la paz requiere dejar puertas abiertas a la negociación, incluso a un déspota como Putin, tal como propugnan Emmanuel Macron, Olaf Scholz y Mario Draghi. La solución no consiste en una competición sobre quien es capaz de poseer las armas más mortíferas, según intentan convencer los gobernantes norteamericanos al gobierno del presidente Zelenski. La paz justa y posible será la mayor victoria para Ucrania, si va acompañada de su integración temprana en la Unión Europea, con las garantías que conllevaría para su futuro.

Este verano de incertidumbre recuerda, en ciertos aspectos, los últimos años de la Belle Époque, por la inestabilidad permanente en las relaciones entre las naciones europeas, con Rusia jugando entonces también un papel de protagonista principal. De manera abrupta, aquellos años felices derivaron en la primera guerra mundial, que nadie creía posible. La existencia de la Unión Europea permite sentirnos ahora amparados ante otra catástrofe similar. Con esperanza en el porvenir, a pesar de los muchos problemas que se presentan a diario, sobre todo relacionados con la economía.

Nuevas dificultades

Cuando aún no habíamos dejado atrás la pandemia, la invasión rusa de Ucrania ha traído nuevas dificultades. La dependencia de las fuentes de energía rusas, gas y petróleo, han trastocado todos los planes europeos de salida de la crisis sanitaria. La respuesta ágil dada por Bruselas con los Fondos de Recuperación se ha visto neutralizada. La inflación emerge en el actual panorama veraniego como la mayor preocupación, junto a una nueva versión de la crisis financiera vivida hace algo más de un decenio. La perversa terminología de entonces resurge: la prima de riesgo, la deuda descontrolada, los problemas específicos de los Pigs a los que pertenecemos… Aunque las mayores amenazas provengan ahora de los precios descontrolados y la amenaza del General Invierno, al que tantas glorias deben los militares rusos, si la guerra se prolonga.

Quizás sea este un momento oportuno para mejorar el funcionamiento de la gobernanza europea. Su mayor hándicap se halla en la unanimidad requerida para sus principales decisiones. Todo indica que la sustitución de la unanimidad por la mayoría cualificada hasta un cierto punto sea un acuerdo que no puede demorarse más, por mucho que cueste adoptarlo. Otro asunto capital será el inicio del proceso de federalización política de la Unión Europea, con la elaboración de un listado compartido por los países sobre las cesiones aceptables de soberanía a las instancias europeas, y su calendario.

Bon estiu i fins setembre!

Rector honorario de la UJI

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