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El Periódico Mediterráneo

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Basilio Trilles

BABOR Y ESTRIBOR

Basilio Trilles

¿Qué hará Sánchez?

Un amigo comentaba certeramente, refiriéndose a Pedro Sánchez, que han desaparecido todos los de la foto del Peugeot. Aquellos pocos sanchistas de primera hornada siguieron a la mesiánica joven promesa con fe ciega, cual Jesucristo del nuevo PSOE. Las primarias y la madera indiscutible de Sánchez como encantador de serpientes y cerebro glacial ha llevado al partido que fundara Don Pablo Iglesias, parafraseando a Indalecio Prieto, a conformarse en «una reunión de peatones». La veterana colega Victoria Prego ha escrito en El Independiente: «El PSOE ha dejado de existir. El pasado sábado resultó evidente que el Comité Federal ha dejado de ser lo que los Estatutos del PSOE establecen, para convertirse en un grupo de aplaudidores de Pedro Sánchez y nada más». Prego, por edad y oficio, conoce al detalle la trayectoria de los socialistas españoles, incluso antes de que Felipe González diera la espalda al marxismo en Suresnes, un año antes de la muerte de Franco. Ciertamente el aparato de Ferraz nunca ha estado tan bajo mínimos ni sometido al grado actual de cesarismo impuesto por Sánchez. Ni González, que en 1982 logró el histórico récord de 202 diputados, se atrevió a ejercer la autocracia del actual dirigente, y eso que Alfonso Guerra, hoy antisanchista declarado, estuvo dieciocho años sentado en el sillón de vicesecretario general advirtiendo: «El que se mueve, no sale en la foto». Sánchez, hasta hoy, ha superado todo lo superable.

Estos días las encuestas vienen subrayando la tónica de los últimos meses: marcando la caída libre del PSOE de Sánchez, el desplome de la alternativa de Yolanda Díaz, el retroceso de Podemos y el estancamiento de Vox, todo ello en favor del nuevo PP de Núñez Feijóo. El sociólogo Narciso Michavila, de raíces castellonenses, acertó plenamente en el sondeo a pie de urnas efectuado la noche electoral de Andalucía. Entonces Michavila ya hizo un diagnóstico, respaldado por la solvencia científica de la empresa demoscópica EAD3 que preside, advirtiendo que si los partidos ahora perdedores no rectifican: «El año que viene el resultado se va a trasladar a toda España». En aquel mismo instante, la ya dimitida Adriana Lastra, a la sazón voz gloriosa de la historia del parlamentarismo español y número dos del sanchismo, haciendo acopio de la fina inteligencia política («lo que natura non da, Salamanca non presta», Unamuno) que avalaba su posición de poder a la diestra de Dios padre, no tuvo empacho en acogerse a Tezanos y asegurar: «Seguimos liderando las encuestas». Ahora mismo tampoco el CIS del miembro de la cúpula federal socialista, compañero Tezanos, avala las inanes palabras de la dimitida Lastra.

Exceso de ironía

Ni siquiera Napoleón pudo ganar el pulso de mantenerse en el poder, y eso que Churchill al poco de liberar París en Los Inválidos y dirigiendo su dedo índice hacía el mausoleo del emperador, le dijo a De Gaulle: «Lo más grande, lo más grande». Sobre algunos personajes el exceso de ironía resulta hasta obligado. Careciendo Sánchez de toda grandeza de líder, el cinismo con el que obra comienza a tener respuesta en las baronías territoriales, donde ya dan la espalda a la marca Sánchez. El nuevo equipo conformado el pasado fin de semana, tras cerrar un armario lleno de cadáveres políticos, resulta un brindis al sol que, como bien ha definido Victoria Prego, se resume en un «grupo de aplaudidores». Page, Lambán, Barbón, tal vez Fernández Vara, igual más pronto que tarde den su batalla interna desde los respectivos feudos, ya deben andar apretando las nalgas ante el maremoto que vaticinan las encuestas, con mayo del 23 a la vuelta de esquina, la cita electoral de todos ellos. ¿Qué hará Sánchez?

Periodista y escritor

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