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Antonio Gascó

COSAS MÍAS

Antonio Gascó

Cabrera en Castelló

Cabrera, el 6 de julio de 1837, envió a los munícipes castellonenses una carta conminando a la rendición, que finalizaba con una furibunda amenaza: «Advierto que no perdonaré medio alguno para desalojarles aunque sea preciso quemar toda la población». Hay que decir que Castelló no estaba tan indefensa como pretenden dar a entender las versiones de la historiografía decimonónica liberal; de hecho la villa contaba con la presencia del Batallón de Cazadores de Oporto, el Provincial de Lorca y el de Voluntarios de Valencia, que fueron los que, realmente, se enfrentaron a las fuerzas de ocupación. Además, al día siguiente, por la playa se recibían refuerzos al mando del brigadier Borso di Carminati, que alentaron más los ánimos de los cercados.

El siete de julio se supo de la presencia de las tropas enemigas en Vila-real y Almazora y horas más tarde varios merodeadores las avistaron por las áreas del molino de Casalduch y el ermitorio del Lledó, donde acamparon. Los tiroteos comenzaron por la plazuela del Toll, al alborear el 8 de julio. El convento de capuchinos y la ermita del Calvario fueron incendiados, como algunas alquerías. Por el norte se atacó la fortificación de Sant Roc del Pla. Posiblemente el astuto Cabrera debió pensar que tal vez pudiera contar con algunos de sus partidarios castellonenses que, desde dentro de la ciudad, pudiesen actuar de quinta columna a su favor. Pero ese levantamiento de la facción carlista local no se produjo. En verdad, el pretendido asalto no dejó de ser una escaramuza porque el número de bajas de la población fue nulo, lo cual hace pensar que el ataque del ejército del pretendiente, mitificado por el informe del gobernador militar de la plaza, Antonio Buil, y posteriormente por la historiografía romántica liberal, tuvo más de apología novelesca que de sangrienta batalla.

Cronista oficial de Castelló

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