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El Periódico Mediterráneo

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Enrique Ballester

Barraca y tangana

Enrique Ballester

Las sensaciones

¡Siente algo! ¿Acaso ya no te importa tu equipo? Es fútbol y es verano y todo el mundo tiene sensaciones

El verano es en el fútbol el gran momento de las sensaciones. Todos los jugadores y todos los entrenadores de todas las categorías coinciden: en los entrenamientos y en los partidos de pretemporada ‘son positivas las sensaciones’. De un tiempo a esta parte, además, el fenómeno ha contagiado a los seguidores. No hay verano sin enamoramiento ni aficionado sin sensaciones. Por la calle te preguntan qué sensaciones te da el equipo. Por la calle quieren saber si son buenas o malas las sensaciones con los fichajes. Todas esas veces que no sabes si tienes hambre o estás aburrido, en realidad ocurre que están germinando en ti las famosas sensaciones.

Las clasificaciones de las primeras jornadas de la Liga están por lo tanto incompletas y nos ocultan lo más importante, y eso que yo no suelo creer en conspiraciones. Nos enseñan los puntos, las victorias y los goles, pero no veo nunca la casilla de las sensaciones y los hinchas entonces no saben muy bien a qué atenerse, y están aturdidos, porque también lo dicen los entrenadores: a estas alturas del curso no importan tanto los resultados sino las sensaciones.

Yo a veces me tumbo en la cama a oscuras y a solas e intento concentrarme. Cierro los ojos, me masajeo el cráneo y trato de visualizar mis sensaciones. Me digo ‘Enrique, siéntelas, ¿acaso no tienes sentimientos? ¿Acaso te pellizcan y no te duele? ¿Acaso no te importa ya tu equipo? Rompe tu coraza, abre tu corazón y siente las sensaciones. ¡Siente algo! Es fútbol y es verano y todo el mundo tiene sensaciones’. Pero yo no. Un fracaso grande, como ser humano, como hincha y como padre. Una tara más que añadir al currículum vitae.

Y dolores

Aun así pienso que es mejor no tener sensaciones de ningún tipo que tenerlas malas. En el colegio, una vez, mi amigo Jesús empezó a salir con una chica a la hora del recreo, pero después a la hora de comer le dolía la tripa y concluyó que el dolor nacía del hecho de tener novia, así que por la tarde se acercó a la chica y le dijo gracias pero no, que se lo había pensado mejor, que le dolía la tripa y que ya no quería novia. Los demás entonces no entendimos nada, pero ahora lo comprendo todo gracias al fútbol y a los entrenadores. Ahora lo veo claro. Eso fueron malas sensaciones.

Mis sensaciones son ahora diferentes. Salgo el último viernes de agosto y siento que no volveré a salir hasta diciembre. Esas son ahora mis sensaciones, aunque a mí lo que me gustaría sentir es algo diferente. Por seguir en el colegio: cuando cogías la pelota en el partidito, parabas una décima de segundo y sentías que eras el mejor, que no te la podía quitar nadie. Cómo se vuelve a sentir eso. Eso sí que eran buenas sensaciones. Eso que sentíamos los zurditos en el patio y Napoleón Bonaparte.

Ahora, de vez en cuando, veo a algún futbolista que alcanza esa medalla etérea de mariscal, que flota sobre el verde aparentemente intocable. No pasa con muchos y si pasa es que hablamos de algo grande. Pasa con Modric, con Pedri o con tipos del molde Canales cuando tienen la tarde. Desprenden la actitud del que va a un puesto de la feria y sabe que conseguirá el premio del peluche sin despeinarse, no como los demás que al final ni jugamos por temor al ridículo y al desastre. ¿Cómo se conserva esa actitud? Solo ellos lo saben. Los demás somos mortales.

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