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El Periódico Mediterráneo

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Antonio Gascó

COSAS MÍAS

Antonio Gascó

Garambainas medievales

La vida cotidiana era desilusionada, vulgar, rutinaria y monótona en el medievo castellonense. Los vínculos de vecindad establecían las mejores relaciones humanas. Un regodeo especialmente habitual era el de los dislates, escarneceos y hasta pescozones a las mujeres cuando estaban lavando o amasando el pan. Cabe suponer que, sobre todo en verano, las hembras se aligerarían de ropa y al hacer las flexiones para baldear la ropa o darle blandura a la masa, dejarían ver algunas zonas de la anatomía que regularmente estaban ocultas por la establecida decencia. Estas ojeadas seducían de modo descomedido a los varones. Eran las gamberradas de la época, que el municipio tenía buen cuidado en multar.

Los pequeños jugando en las calles eran sin duda los más felices, disfrutando de un ambiente espontáneo, ingenuo y libre, aunque muchos de ellos, a la temprana edad de nueve o diez años, estaban trabajando como aprendices en el taller familiar, o en el de otros menestrales, cuando no, acudiendo al campo, acompañando a sus padres o apacentando rebaños. También para los más pequeños la vida del medievo era especialmente dura.

La mayor animación urbana la ofrecían las jornadas festivas. Como ha escrito Ladero Quesada, la Edad Media instauró acontecimientos, sobre todo cuando la Iglesia perfeccionó su calendario de conmemoraciones y lo combinó con los ciclos estacionales, de siembra o cosecha, unidos a híbridos elementos de las culturas precristianas en fusiones de las que aún hoy somos partícipes en algunos heredados rituales.

Cronista oficial de Castelló

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