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Ángel Báez

LA FIRMA DEL DIRECTOR

Ángel Báez

Cómo meterse en un jardín

Si uno quiere meterse en un jardín, es bastante fácil: basta entrar en un ámbito donde lo emocional --algo tan nuestro-- suele ser la moneda de cambio. Lo hemos visto recientemente con el nuevo salto a la escena política del ya viejo debate sobre bous sí; bous no, y ni sí ni no... y viceversa.

Uno, que suele vivir alejado de las almohadilladas gradas y cadafales pero que tampoco rehúye de los jardines, prefiere centrar su atención en aquello que conoce por su condición de ser hijo de las dehesas, vecino del PER (plan de empleo rural) y desconfiado de los señoritos. De ahí que mi vuelta de tuerca, en mi jardín, hable del valor medioambiental de una crianza de ganado bravo, cuya presencia entre robles y encinas ha hecho de millones de hectáreas una gran reserva natural, un hábitat sostenible donde el ser humano mantiene un inquebrantable acuerdo de no agresión con la naturaleza.

Por qué no el debate si, más allá de la crónica negra, profundizamos en los aspectos conservacionistas, pero esos que apuntan a salvar no a un animal, sino a toda la especie. Si no hay fiesta, no hay crianza y si no hay explotaciones ganaderos habremos condenado al hombre y a la mujer del campo al ostracismo, pondremos los alfombrados prados a merced del olvido y al toro... al riesgo de extinción. Así que, mi aplauso al conservacionismo y a los animalistas, porque sé que velarán por mantener un hábitat natural único en el mundo, perfectamente sostenible y que se sustenta, entre otros ámbitos, en la fiesta. Es mi jardín.

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