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Jose Martí

A FONDO

José Martí

Contra los cenizos

Somos unos ‘sortudos’ de la historia. Y deberíamos ser mucho más conscientes de nuestro privilegio

Reiniciamos curso político --no sé cuándo lo terminamos--, pero dicen que lo reiniciamos, tendremos que creerlo; pues bien, en el reinicio del curso político parece que vienen mal dadas. Los apocalípticos y agoreros de toda laya se frotan las manos y no paran de darnos malas noticias. Los telediarios de todas las cadenas parecen disfrutar. Son un sumario de calamidades, dichas unas detrás de otras, con saña creciente y sin solución de continuidad: altas temperaturas que no cesan, incendios por doquier, viruela del mono, subida de una inflación desatada, precio de la luz desbocado, crisis energética persistente, guerra sin término. El técnico o experto, que inevitablemente invitan, no suele fallar, sigue la tónica cuando no la refuerza y aún lo pone todo peor y más negro. Te siguen, te persiguen, te atosigan y al final te dan ganas de cambiar la cadena, no escuchar las noticias y apagar el televisor. Cada vez hay más gente que lo hace. Si hay alguna información que pudiera resultar positiva y dar un atisbo de esperanza la dan rápido, vía negativa y con la adversativa (pero…), acompañando. Ya se sabe las buenas noticias no son noticia y además molestan.

Sí. Ya se, ya sé que piensan que exagero y que en última instancia, los medios informan, nos dicen lo que pasa y acuden al socorrido principio de realidad; eso es lo que hay: el otoño se presenta difícil, el precio de la luz es el que es, los salarios parece que no van a subir, la guerra se alarga innecesariamente, etc, etc. Pero, y si viéramos el aspecto positivo de tantas y tantas cosas como tenemos: que el verano, aunque caluroso, ha sido magnífico para el turismo, que nuestras calles, plazas y pueblos se han llenado de gente disfrutando con fuerza y ganas de vivir de nuestras fiestas, que se empieza un nuevo curso escolar sin restricciones, que la ciencia con sus vacunas está venciendo a un nuevo virus que puso a la humanidad en vilo, que las amplias prestaciones sociales que nos da el Estado Social y Democrático de Derecho están paliando los efectos perversos de las dos crisis, primero la sanitaria y después la energética. Eso también es verdad y también esta ahí y muy frecuentemente lo olvidamos.

Interpretación de los hechos

No solo hay hechos, sino interpretación de los hechos y, sobre todo, actitudes ante los hechos. Y hemos de tener cuidado con el efecto de la profecía autocumplida, que estudió el sociólogo Robert K. Merton. Si hacemos constantes y continuadas previsiones sobre lo mal que va a ir todo, sin quererlo estamos contribuyendo a la creación de un clima social favorable a que todo vaya mal. Si nos empeñamos en ser cenizos, al final todos seremos cenizos y la mala suerte advendrá porque la hemos buscado con ahínco.

Y no, más que cenizos, somos unos privilegiados, unos sortudos de la historia. Y deberíamos ser mucho más conscientes de nuestra suerte y privilegio. Diacrónica y sincrónicamente, es decir a lo largo de la historia y en este momento de la historia, nadie ha vivido como nosotros. Nadie ha tenido las condiciones laborales, ni sanitarias, ni educativas que tenemos nosotros en la actualidad. Ni nadie ha disfrutado de los derechos, las libertades y las oportunidades vitales que tenemos nosotros.

Como suele explicar el pensador español Javier Gomá, haciendo una adaptación del Velo de la ignorancia de John Rawls, si cualquier persona en situación de vulnerabilidad --un trabajador manual, un niño, una mujer, un anciano, una enferma, un homosexual, una hereje, un disidente, un librepensador-- pudiera elegir la época en la que le gustaría vivir, indefectiblemente contestaría: ahora, ahora, ahora, ahora... Y eso no quiere decir que nos contentemos con lo que tenemos, ni mucho menos. Ha sido el inconformismo, el espíritu crítico, el afán de mejora y superación lo que nos ha llevado hasta aquí y ese aliento humano ha de renovarse y perdurar, pero la negación y el victimismo conducen a la inacción y la pasividad. Hay motivos sobrados para afrontar el futuro con optimismo, con fuerza y vitalidad. Hagamos oídos sordos a los cenizos, no sea que con el agua sucia tiremos también al niño.

Presidente de la Diputación de Castellón

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