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Basilio Trilles

BABOR Y ESTRIBOR

Basilio Trilles

Cuenten la verdad

El periodista Antonio Caño estuvo comedido en la entrevista que ayer le hizo Susana Griso: no tiró a degüello contra Pedro Sánchez. Aunque alguna cosa sí dijo, pero sin la mordiente del zaherido que exhibió en julio del año pasado, tras recibir la llamada de una alta directiva de Prisa que lo puso definitivamente en la calle como columnista y asesor digital. Cargo que aceptó cuando fue cesado de la dirección de El País, culmen de un periodo de desencuentros con Sánchez y la concatenación de negativos resultados en la venta de periódicos en papel y caída del digital. Durante el verano pasado Caño aseguró que el infortunio sufrido en la empresa a la que había dedicado 39 años de profesión tenía nombre y apellidos: «Se cruzó en mi camino un señor alto y simpático, en su primer momento, que respondía al nombre de Pedro Sánchez. Fue en ese momento cuando se torció todo».

Suele ocurrir, querido compañero, que ante un periodista se cruce un político con infinitamente más poder y menos escrúpulos. Suele ocurrir que ese periodista, menos poderoso y con más escrúpulos, abrace la bandera de la libertad de expresión con la pacata impronta del romanticismo del plumilla de la vieja escuela, creyendo que sus editores son émulos de Katherine Graham. Enseguida te das cuenta de que aquello tan épico del Watergate y el The Washigton Post resultó un milagroso e irrepetible oasis en la inmensidad imposible del más árido de los desiertos. Y, claro, querido colega, la empresa te deja con el culo al aire, mientras el político del turno se frota las manos, a costa de que la sociedad pierda calidad democrática al ser privada de una verdadera pluralidad, cimiento de las libertades.

Cuando el 22 de mayo de 2017 Pedro Sánchez ganó las primarias, tras la tournée por los caminos de España con el Peugeot, el editorial de El País dirigido por Caño sorprendió al más inconmovible de los lectores patrios: «La victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento». A continuación vinieron otros textos explosivos desvelando lo que después hemos podido constatar es la esencia del sanchismo. La decapitación profesional no se hizo esperar demasiado. Ahora Caño ha escrito un libro con el sugestivo título Cuente la verdad, motivo que lo llevó al plató del programa de Griso, donde estuvo mucho más comedido que cuando declaró: «No queda nada del PSOE tras Sánchez y eso es trágico». Aunque sí dijo que se está produciendo un fenómeno insano para la democracia: el frentepopulismo liderado por Sánchez contra el Partido Popular.

Manipulación

El clima frentista que denuncia Caño nunca deja de deparar ejemplos deleznables. En los últimos días hemos asistido a la indecente manipulación de la mano de dos clásicos en tejemanjes desde la hez: Echenique y Monedero. Ambas lumbreras podemitas han utilizado un vídeo manipulado en el que atacan a la magistrada Natalia Velilla por sus declaraciones sobre la ley de solo sí es sí, la gran pifia de la ministra Irene Montero y, por tanto, de quien tiene la máxima responsabilidad en el Consejo de Ministros: Sánchez. Empleando sin escrúpulos el todo vale que airea Caño en Cuenten la verdad, los citados representantes de Podemos han abundado en la defensa de una ley infumable. La mentira es tan flagrante que ayer los informativos de La Sexta desmontaron la falacia utilizada por voces de Podemos para desacreditar a quienes, en este caso desde la judicatura y esgrimiendo argumentos técnicos, discrepan sobre el contenido de una chapuza legal, altamente dañina para el conjunto de los españoles. Así vamos.

Periodista y escritor

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