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Pepe Beltrán

Las cuarenta de Pepe Beltrán: La clave de bóveda en el CD Castellón

Bob Voulgaris, junto a su grupo de trabajo, en Castalia. Frank Palace

Nadie pensaba que íbamos a aguantar toda la temporada habiendo perdido solo en Barcelona y, encima, amparados en la recurrente excusa de la mala suerte y no de la candidez y los lampiños fallos de concentración defensiva; mas, no por ¿esperada?, duele menos la derrota del sábado pasado. Tampoco hay que esconder que la fortaleza de este equipo y sus opciones de abandonar esta triste categoría radica precisamente en ese concepto global y no en la suma de sus individualidades. Una suerte de holismo, porque el análisis --y el rendimiento-- del conjunto deviene mucho más decisivo y complejo que el examen riguroso de las partes que lo conforman; si bien, a nadie escapa que un par de refuerzos apuntalarían tan filosófico argumentario. 

Suena a perogrullada hablar sobre la trascendencia de conquistar el campeonato, por mucho esfuerzo y riesgo que suponga frente al dosificado de reservarse para la disputa de la promoción de ascenso, una clasificación que en verano hubiéramos dado por excelente cuando Bob Voulgaris nos lanzó el salvavidas que evitó ahogarnos en las narcisistas aguas de la gestión deportiva y económica de Vicente Montesinos, porque todos nos conformábamos con llegar a la orilla y nadie, absolutamente nadie, se atrevía a hablar entonces de aspiraciones más allá del marketing, obligado pero ruidoso, de la campaña de socios.

Con esa premura de tiempo, tuvo mérito la confección de una plantilla competitiva --otra vez mi reconocimiento a Fernando Gómez y Xavi Galván--, tanto como la decidida apuesta en forma de pago de traspasos, un recurso inusual por no decir refractario en esta tercera división ordinal en la que militamos. Ymás aún la anunciada inversión en fichajes de invierno y en frenar la operación salida, que tanto monta, ahora que nuestro liderato ha situado en el escaparate a jugadores casi olvidados del mercado. Pero, así y todo, nunca nos parecerá suficiente.

Lo tienen claro Robin Taylor y sus colaboradores: el factor diferencial para salir del pozo de la eufemística Primera Federación radica en nuestra afición, en su implicación, en su aliento para alcanzar la meta del ascenso directo, sí, porque ahora ya nos lo podemos plantear pese al doloroso tropiezo de Tarragona. La impresión que causaron las gradas de Castalia a los miembros de Pitch 32 fue uno de los motivos que decantaron el fiel de la balanza a la hora de elegir un club en el que invertir, como descubrió este lunes José Luis Lizarraga. Y no es cosa de exprimir las gargantas de cada quisque, pero sí de sumar.

Desde el primer día ha llamado poderosamente la atención la diferencia entre el número de abonados, que oficialmente es de 12.725, y la asistencia media en los partidos de Castalia de 8.813. Perder cuatro mil hinchas por el camino es una barbaridad, más allá del debate espúreo sobre si cuantificar o no el número de pases infantiles que ni siquiera pagan, y que los frikis retiramos para sobrinos e hijos de amigos al objeto de que conserven una antigüedad como si fuera un tesoro, el club hace bien en buscar nichos sobre los que incrementar el número de espectadores, en el convencimiento de que hacer del estadio un fortín es garante de éxito. Y bien que lo saben los rivales que pasan por nuestro feudo.

Se trata de recuperar las entradas del año pasado y el anterior, 10.833 y 12.583 de media respectivamente, unas cifras que en todo el grupo solo supera el rival del sábado --y el Deportivo y el Córdoba en el otro--, lo que todavía confiere mayor trascendencia a la cita. En esa línea entiendo y aplaudo la medida del club solicitando que los abonados liberen los asientos que no utilizan, o sacando a la venta lotes con las entradas para los tres próximos partidos que se antojan importantísimos a tenor de la clasificación. Ahora nos toca hablar a los que nos llenamos la boca de albinegrismo. Se notó en Tarragona pese a que no se reflejara en el marcador, pero Castalia sigue siendo la clave de bóveda de todo proyecto serio. Y este lo es como el que más.

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