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La opinión de Pepe Beltrán: La noche y el día en el CD Castellón

José Manuel García Osuna declara en el juzgado de Castelló.

José Manuel García Osuna declara en el juzgado de Castelló. / Manolo Nebot

El éxito del CD Castellón actual aún es más notorio si recordamos los tiempos que amenazaron incluso su supervivencia. 

Esta sección, tan dada a forzar paralelismos, no va a incurrir en el craso error de emplear como reclamo el título de una más de las películas filmadas para ¿lucimiento? de Tom Cruise; al socaire del mismo, tampoco iba a pergeñar una tesis sobre la novela de Virginia Wolf del mismo nombre; y mucho menos perpetrar un burdo copia y pega sobre las teorías físicas del eje de rotación de la tierra que condicionan nuestra mundana percepción entre la noche y el día. Mi intención es mucho más metafórica.

Digo que en el momento de bonanza deportiva, económica y social que vive el albinegrismo bueno es no perder la perspectiva y recordar de dónde venimos. Y para evaluar en su justa medida el éxito cobrado de la mano del ascenso y de la gestión actuales, sostengo imprescindible traer a colación los muchos años en que la desaparición del club era mas realidad que amenaza. No se trata de nostalgia, si no de un ejercicio de memoria para poner en valor aquel esfuerzo y penitencia como cimientos de la dicha de hoy.

Tampoco es original aquella sentencia filosófica de que no existiría la felicidad sin haber conocido el dolor. Equilibrio, armonía, contrapeso.... El blanco y el negro de nuestra bandera, la historia misma del Club Deportivo Castellón, sobre todo la más reciente y triste. 

La noche más aciaga

Cronológicamente, la noche más aciaga fue aquel 21 de julio de 2011 en el Real Casino Antiguo, cuando comprobamos que estábamos solos. Ante la crisis derivada de la administración de Castellnou, el Ayuntamiento de Castellón, alguno de cuyos elegidos incluso formó parte de su consejo, proponía la desaparición del club, renunciaba a colaborar para evitar el descenso administrativo al que nos condenaba el impago de 300.000 euros, como también declinaba después perseguir a los responsables de un expolio de siete millones de euros. La refundación se vino a llamar aquella aberración política y deportiva que solo frenó la decidida respuesta de Conrado Marín en nombre de Sentimiento Albinegro, la asociación de pequeños accionistas que el 26 de julio de 2012 presentó la demanda por administración desleal que se juzgará el próximo 22 de octubre.

Sin equipo, sin dinero, sin futuro, el Castellón sobrevino terreno abonado aquel verano para que germinaran ofertas de mercenarios, piratas y demás farándula del inframundo futbolístico. Finalmente, con una procedencia más que dudosa llegó a la presidencia Fernando Miralles, quien pretendía subsistir con las subvenciones oficiales y, lejos de aportar soluciones, enmarañó más la situación hasta provocar que se convocaran concentraciones de futbolistas y aficionados frente a su domicilio exigiendo su renuncia.

Fue sustituido por Jesús Jiménez -ex Castellnou-, con la anuencia del ex presidente Isidoro Gasque, arguyendo una opción de tanteo y retracto sobre las acciones de Castellnou que nunca se sustanció en el Registro Mercantil. En febrero de 2012 desaparecieron ambos y mucha documentación, dejando a la SAD sumida de nuevo en la estacada.  

Luego surgiría de la nada David Cruz, inicialmente acompañado de Manolo García. Los resultados deportivos y la disputa de cuatro promociones de ascenso no maquillaron su fracaso, que se reflejó en la peor clasificación de la historia (decimoquinto en Tercera División en la temporada 2013/2014) y en sonados enfrentamientos contra la afición que derivaron en serios incidentes tras un partido en el Javier Marquina del Grau y otro en Borriol, para acabar forzando las puertas de acceso a Castalia en el partido contra el Peña Sport en junio de 2017. Su desgobierno también derivó en una nueva amenaza de descenso por impagos del que le salvó el PP con un patrocinio de 600.000 euros a través de Aerocas. 

 Pero Cruz solo había abonado el primer plazo de la compra de las acciones, por lo que, tiempo después, el juez devolvió su propiedad a García Osuna, Blasco y cía. Ello no fue óbice para que, mientras tanto, Cruz vendiera ese verano un derecho preferente sobre las mismas a Vicente Montesinos, que éste utilizó para una reducción de capital que extinguía el fuego de todo conflicto mercantil sobre la titularidad del club, que todavía pretenden mantener vivo Osuna y sus secuaces.

Apenas cuatro meses después, ya agobiado por la situación económica, se cedía la gestión a José Miguel Garrido, quien atendía la ampliación de capital que permitió saldar la deuda de 1,3 millones de euros con Hacienda. Montesinos regresaría a la primera línea del club, junto a Pablo Hernández y Ángel Dealbert, tras devolver a Garrido en tornoa a los 2.5 millones. 

Una brillante campaña de marketing logró atraer a la afición, coronándose con el abandono de la maldita Tercera División después de siete temporadas. Incluso se desbordaron las previsiones con un ascenso a Segunda. La permanencia hubiera obligado a convocar una ampliación de capital de 2 millones de euros que Montesinos no quería atender y el equipo bajó tras sumar solo uno de los últimos 18 puntos disputados, pero la pandemia se convirtió en la excusa oficial.

El Centenario del club

Pese a la decepción deportiva, y con todo a su favor, incluidos los millonarios ingresos por los fastos del Centenario del club, Montesinos dejó el club con un millón de euros más de deuda de la que se encontró según la auditoría contratada por él mismo. Eso sí, mérito suyo fue encontrar a un inversor, este de verdad: Haralabos Voulgaris, quien aseguró haber desembolsado para ello más de 4 millones, negocio del que pretenden beber ahora Osuna y Cruz redirigiendo sus demandas

Con otra noción de la gestión deportiva, basada en la big data, pero sobre todo invirtiendo dinero (17 millones en apenas dos temporadas según confesión propia), Bob no solo ha llevado al equipo al fútbol profesional, si no que ha cancelado el concurso de acreedores y hasta ha convocado una ampliación de capital que convertirá en acciones la deuda contraída con él. Con su particular estilo, ha forzado un convenio de cesión del estadio en el que el Ayuntamiento acometerá las obras inmediatas que exige por ley la nueva categoría, mayormente en seguridad, iluminación y terreno de juego. Pero el club asumirá paulatinamente la ampliación de la grada, condicionado a futuros ascensos, como también la construcción de una ciudad deportiva. El futuro no puede ser más halagüeño.

Con ser cierto que Churchill apelaba por la magnanimidad en la victoria y podemos considerar ganada la batalla contra pusilánimes y conformistas que abogaban por la refundación, no lo es menos que nos queda ganar la guerra contra expoliadores, comisionistas y aprovechados. Aunque una mayoría de la afición se decante por pasar página y disfrutar de los resultados, el avance por la espesa jungla de la Segunda División no se presume cómodo y acaba ahuyentando a los que solo siguen la moda. Por eso insisto en rescatar el honor y el sentimiento zaheridos durante tanto tiempo, porque el Castellón es mucho más que un marcador favorable o unas deudas liquidadas.  

Mantener la causa contra Castellnou y no caer en la tentación de pactos bastardos deviene premisa fundamental, y ello no parece factible con el mismo abogado que defiende a Cruz. Sería el primer paso para recuperar nuestro orgullo.