Opinión | TRIBUNA

El gigantismo de las ‘bigtech’

En 2023, los ingresos de las 10 compañías más grandes del planeta alcanzaron los 3.953,59 miles de millones de dólares, cifra que supera el PIB conjunto de 106 países. La carrera por el gigantismo empresarial a nivel mundial parece no tener límites y cada vez la concentración empresarial es mayor en casi todos los sectores (mediante fusiones o compras -la competencia está para comérsela, decía Emilio Botín a quien admiraba mucho-). En España, ese proceso de concentración se ha visto en el sector bancario (en 2010 había más de 50 entidades y ahora solo quedan 10; 9 si prospera la OPA del BBVA sobre el Sabadell), pero también se ha producido en otros sectores. Con la consigna de que el mundo global requiere empresas de tamaño mundial el gigantismo empresarial elimina competencia y construye corporaciones con más poder que los países.

Los economistas están cada vez más preocupados por esta tendencia al gigantismo mundial y coinciden en que una economía concentrada en un número reducido de grandes actores tiene repercusiones negativas muy preocupantes entre las que destacan: una menor producción, menores salarios, precios más altos, menos opciones de elegir para los consumidores y menor tasa de innovación.

Además, este inmenso poder económico en manos de unos pocos puede facilitar una concentración del poder político, lo que alimentaría el proceso de gigantismo.

El sector en el que es más evidente el gigantismo y sus consecuencias es en el de las denominadas bigtech (grandes tecnológicas). Están en el punto de mira de las autoridades de defensa de la competencia por sus prácticas de abuso de poder dominante en los mercados, competencia desleal y también por sus diseños societarios para evadir el pago de impuestos en los países donde tienen presencia. Esto debería preocuparnos a todos porque los impuestos que no pagan en España por sus beneficios los tenemos que pagar todos los demás. Google, Apple o Meta, cuyos productos usamos casi todos, no dudan en comprar a cualquier competidor antes de que pueda destacar y quitarle mercado o en dificultar que desde sus productos se pueda usar otro de la competencia o en ponérnoslo fácil para hacerse con nuestros datos y comerciar con ellos.

El mayor ‘lobby’

A pesar de que las bigtech son el mayor lobby en la UE y de gastarse casi 100 millones de euros en influir en la regulación del sector tecnológico, no han podido evitar que la Comisión Europea les haya impuesto multas por importe total de 24.000 millones, recurridas en juzgados.

Este gigantismo empresarial de las bigtech está impulsando un nuevo movimiento antimonopolista que de seguro generará regulaciones, aunque no es fácil hacerlo de forma efectiva en el contexto de la globalización y con empresas cuya dimensión digital es muy superior a la física. Ahora más que nunca tiene sentido la frase americana: «hay que defender el capitalismo de los capitalistas». Y yo añadiría: y con ello, defendernos nosotros.

*Catedrático en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la UJI