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Opinión | EL TURNO

Castellón

Rosalía y Gaza

Hace unos días, el diseñador mallorquín Miguel Adrover anunció que iba a rechazar vestir a Rosalía. Su motivo: el silencio de la artista sobre Gaza. Esta decisión generó un intenso debate sobre si las figuras públicas están obligadas a posicionarse en temas sociales. La verdad es que posicionarse sobre Gaza debe de ir al margen de la profesión, claro está. Hay que posicionarse como seres humanos que somos. Y quienes dicen que esto va de política y que en política no entran, recordar que nuestras vidas giran en torno a la política. Que la defensa de los derechos humanos que se desarrollaron después de la segunda guerra mundial y el Holocausto judío se hizo justo para eso, para que los derechos sean para todo el mundo y no para unos pocos.

Qué temen Rosalía u otras tantas personalidades que llevan meses con reservas sobre Gaza. Pues esto nos debe servir de ejemplo para ir más allá y tomar conciencia del tremendo y enorme poder político y económico de Israel en todas las estructuras. Solo así se comprende que Israel haya llegado tan lejos, con total impunidad. Y lo va a seguir haciendo, porque por muchas declaraciones o acciones humanitarias que se hagan, Gaza ya está destruida y su población ya ha sido asesinada por las bombas o muerta de hambre ya no va a volver. Y hay más razones para pensar que, junto con Trump, se hará Gaza ciudad de vacaciones que pensar que su pueblo recuperará lo que les pertenece.

El poder de Israel pasa factura. Se lo pueden preguntar a Susan Sarandon, que fue despedida por su agencia de representación después de apoyar a Palestina, por ejemplo. O la actriz Melissa Barrera, despedida también de su productora. Cate Blanchett o Joaquin Phoenix no han padecido consecuencias, aunque sí señalamientos. En cambio, la actriz Gal Gadot o el actor Noah Schnapp han sido aplaudidos por el sistema y reconocidos, tras apoyar a Israel, incluso con mensajes donde se mofaban de los palestinos.

Si no hubiese sido por Adrover, es probable que la cantante Rosalía no hubiese ni emitido un posterior comunicado bastante tibio, donde escribe «lo que está pasando en Palestina», sin definir ni lo que es. Pues hay dos palabras muy sencillas de lo que pasa en Palestina: genocidio y ocupación. Lo primero lo dice con claridad la relatora de las Naciones Unidas, Francesca Albanese, esa organización internacional que sirve para mantener la paz y fomentar la cooperación entre naciones. Pero a Israel le resbala, y tiene carta blanca para todo porque en su Consejo de Seguridad, su amigo Estados Unidos lleva años vetando cualquier resolución contra Israel.

Y sobre la ocupación, esto viene de mucho antes que del día 7 de octubre, porque la colonización no es de hace unos años. Israel lleva varias décadas ocupando y saqueando una tierra que para nada es suya. Y la prueba está en que a la vez que caían las bombas sobre Gaza e impedían la entrada de ayuda humanitaria, han seguido con sus asentamientos y ocupaciones en Cisjordania, que allí no está Hamás ni tampoco están los rehenes israelíes, que siempre fueron usados por su gobierno como una simple excusa. Posicionarse sale muy caro, dirán, pero hay que saber en qué lado de la historia quieres estar.

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