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Opinión | COSAS MÍAS

El barreño

Los comicios de abril de 1886 para el Congreso suponen en Castellón un nuevo triunfo del partido sagastino. Una vez más, la camarilla de Victorino Fabra dio muestras de su concienzuda competencia en el control de los sufragios de la provincia, al extremo que Francisco Pi i Margall, que contaba con los votos de todo el sector demócrata progresista y se presentó por la circunscripción de Castellón, no alcanzó acta de diputado, lográndola, en cambio, el periodista madrileño Emilio Sánchez Pastor, que ya había conseguido escaño en 1881, por el distrito de Lucena, amparado, obviamente, por el valedor del calzón corto, que era el gran político de masas del momento, con su barreño adherido a su opción política.

Pero la mayor victoria del cossi (que era el nombre vernáculo del barreño u cocio) se alcanzó en las municipales de abril de 1887, previas a las cuales se produjeron una serie de circunstancias que le fueron especialmente favorables, como el transfuguismo del eminente doctor Rafael Forns al partido de Fabra o la inhabilitación de los ediles republicanos Enrique Perales y Francisco Borja, por delitos de prensa. En esta ocasión, el sibilino y todoterreno Pantorrilles propugnó la alianza con sus antiguos enemigos del Círculo de Labradores, mientras que los no monárquicos volvieron a formar en bloque junto (milagros de la política) al grupo del recientemente destituido alcalde José Tárrega. Inverosímil. Cualquier consorcio era bueno para ganarle la partida al rival. No es hoy eso algo nuevo.

Cronista oficial de Castelló

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