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Opinión | VIVIR ES SER OTRO

Con Franco, Franco vivía mejor

En unos días se cumplirán cincuenta años de la muerte de Francisco Franco, el último dictador de la historia de este nuestro país. Supongo que las columnas de opinión sobre el tema nos inundarán en breve. Escribo esta un par de semanas antes, cuando me he dado cuenta de la efeméride. Aunque no suelo hablar de la actualidad, el asunto merece una excepción; además, es un tema de hace medio siglo.

Una parte importante de la población actual no vivió bajo su régimen. Yo sí, pero sin conciencia de ello. Tenía apenas 3 años cuando ocurrió su fallecimiento, tan ansiado por una parte significativa de los españoles. Hay mucha juventud actual que apenas sabe de su, en términos históricos, reciente existencia. Incluso leo estadísticas en las que los jóvenes banalizan su gobierno. Como si ya no se recordase cómo ese pintoresco militar alcanzó el poder, cómo gestionó la represión posterior, cómo retrasó la entrada en la modernidad del país y, sobre todo, cómo nadie nunca le pidió a él y a sus acólitos que dieran cuenta de sus actos. Franco murió de viejo, atestado de cables, de un modo grotesco, alargando su vida más allá de lo humanamente razonable. Pero con él no se fue gran parte de la caspa que cubrió España durante cuarenta años, jamás se hizo justicia con los represaliados ni se juzgaron las tropelías de quienes manejaron los hilos de sus conciudadanos como si de su cortijo se tratara. Incluso el régimen instituido por la fuerza de las armas se permitió el lujo de darnos en herencia el régimen actual…

Paro, que me estoy calentando.

Franco fue un señor bajito, regordete, con voz aflautada y ademanes de, disculpen la expresión, maricón metido en un armario cerrado con siete llaves. Me lo imagino desfilando por los pasillos del palacio de Oriente al son de marchas militares, creyéndose alto, delgado, con una frondosa melena, mientras dirigía los destinos de España en lo universal, y una multitud de jóvenes atléticos, peludos y morenos le aclamaba.

De alguna manera pienso que lo más triste de su paso por nuestra historia es que alguien con ese perfil llegase a jefe del Estado. Aunque, bien mirado, cosas peores se han visto, y si no echen un vistazo a Hitler, que muy ario no parecía; más bien tenía pinta de inmigrante español, griego o italiano mal alimentado en su juventud.

El del «culo blanco», además de sus admirados pantanos y de una paz social conseguida a base de mano dura (que de paz tuvo poco), dejó miles de muertos en las cunetas (donde aún siguen muchos, varias décadas después), una España que sigue fracturada en lo ideológico y la sensación de que en su momento perdimos el tren de la prosperidad y que, cincuenta años después, parece que aún no lo alcanzamos. La historia de este país está plagada de momentos gloriosos y otros que más bien dan vergüenza. Que Franco se muriera de viejo y fuera enterrado con honores figura, a mi parecer, entre los últimos. Espero que hasta el centenario de su óbito, cuando seguramente yo ya no esté, se deje de hablar de aquel mamarracho que tuvimos como dictador.

Editor de La Pajarita Roja

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