Opinión | CARTA DEL OBISPO
Jornada Mundial de los Pobres
Este domingo celebramos la IX Jornada Mundial de los Pobres. El papa León XIV ha elegido como lema para este año: 'Tú, Señor, eres mi esperanza' (Sal 71,5). Estas palabras son una confesión que brota de la experiencia profunda de quien se ha enfrentado a pruebas y dificultades, y, sin embargo, mantiene su confianza puesta en Dios, que es su roca, refugio y fortaleza. Cuando tantas veces la esperanza se fundamenta en logros sociales y posesiones materiales, el salmista nos recuerda que la auténtica esperanza es Dios y su amor eternamente fiel. Nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo, muerto y resucitado para la vida del mundo. Cristo es nuestra esperanza (1 Tim 1,1). "No podemos olvidar -dice el Papa- que hemos sido salvados en esta esperanza, en la que necesitamos permanecer enraizados".
Esta esperanza no es un optimismo pasajero, sino una virtud teologal que nos hace levantar la mirada, aun cuando las circunstancias sean adversas. La esperanza nace de la fe, que la alimenta y la sostiene sobre el fundamento de la caridad. Y la caridad nos compromete, orientando nuestras decisiones al bien común. Quien carece de caridad no solo carece de fe y esperanza, sino que quita esperanza a su prójimo.
La Jornada nos invita a contemplar a las personas que viven en pobreza -material, relacional o existencial-, y a reconocer que, en ellas, Dios puede manifestar una esperanza más pura. Los pobres pueden convertirse en testigos de una esperanza fuerte y fiable, porque su vida no se apoya en seguridades humanas sino en Dios. Este reconocimiento comporta acoger con humildad que los pobres nos evangelizan y asumir que los cristianos estamos llamados a implicarnos de modo decidido en vivir la caridad y en promover políticas que afronten las causas estructurales de la pobreza. La esperanza cristiana no nos paraliza; nos compromete a trabajar por la transformación social. Junto a la caridad inmediata es necesario impulsar cambios estructurales -en el trabajo, en la educación, en la vivienda, en la salud- para que toda persona tenga la posibilidad de una vida digna.
Los pobres viven a nuestro lado. El último Informe FOESSA ofrece datos muy preocupantes sobre el crecimiento de la exclusión social y del riesgo de pobreza extrema de millones de personas en España. Esto significa que hemos de fortalecer los servicios de Cáritas, animar a la corresponsabilidad de los cristianos en iniciativas de solidaridad y en la promoción de políticas sociales justas, y también fomentar una espiritualidad de la gratuidad y del cuidado mutuo.
Obispo de la Diócesis de Segorbe-Castellón
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