Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | A QUEMARROPA

Optimismo y pesimismo

Hay quien dice que un pesimista no es más que un optimista bien informado. Esta sentencia me resulta algo extrema. Un pesimista, normalmente, es alguien bien informado, efectivamente, pero no tiene por qué ser un optimista transformado. Quizá solo era alguien que pasaba por ahí. O ya era pesimista antes de informarse. Quién sabe.

Algunos de ustedes, queridos lectores, me han dicho en más de una ocasión que soy un pesimista recalcitrante. No creo que sea el caso. Me considero alguien bien informado. Eso es así. Y por eso no puedo ser optimista. Pero no soy en absoluto pesimista. No veo claro el futuro de nuestra comunidad autónoma, ni de nuestro país, ni del continente entero. No creo que las cosas vayan a irnos especialmente bien. Pero tampoco especialmente mal.

La UE está en manos de mediocres y pusilánimes. De burócratas sin pasión. Y lo mismo sucede con los gobiernos español y valenciano. El ánimo de Úrsula, ya saben, el sentido vonderleyano de la vida, si me permiten el palabro, lo impregna todo. Cada medida que se adopta mejora la economía china y empeora la europea. Y el sanchismo ha copiado lo peor de este proceder.

Cada medida que adopta mejora la economía china y empeora la española. ¿Quién puede ser optimista ante estas cosas? Pero de ahí a ser pesimista va un mundo. Al menos hay cien países en el mundo con un porvenir peor que el nuestro. En esos casos sí que se vuelve preceptivo serlo. Nosotros, con ver la vida con algo más de espíritu crítico, ya nos deberíamos dar con un canto en los dientes.

Escritor

Tracking Pixel Contents