Opinión | SIN RESERVAS
Togas a la obra
La fira de Tots Sants cierra este fin de semana y con ella dejará la ciudad el feriante que premiaba a sus clientes con bufandas de Arriba España y la cara del dictador de cuya muerte se acaban de cumplir cincuenta años. Es el signo de los tiempos: hacer apología del fascismo ha dejado de ser una cuestión de indignidad moral e indecencia democrática para convertirse en un trapicheo más. «A algunos les gusta Franco. También tenemos de Vox, de Lamine. Es negocio y ya está», dijo el feriante. La pela es la pela y en la tómbola siempre toca: si no un Franco, una pelota. ¡Qué alegría, qué alboroto, otro facha piloto! Un ejemplo más del blanqueamiento social de la dictadura que medio siglo después se ha generalizado en España. Los falangistas salen Cara al Sol a pedir el tiro en la nuca a Pedro Sánchez al tiempo que algunas dirigentes del PP se niegan a condenar el golpe del 36 y el régimen de represión que instauró Franco. Hasta el emérito apátrida reconoce desde su dorado exilio fiscal que «le respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político». Ese que llevó al caudillo a firmar sus últimas sentencias de muerte seis años después de ungir, por la gracia de Dios, a Juan Carlos como sucesor.
Mientras se consagra el aquelarre franquista, los jueces siguen a lo suyo. Unas, en Catarroja, cercando al dimitido Mazón por su miserable comportamiento la tarde que guardó su móvil en la mochila y despachó a los escoltas para seguir de farra. Otros, en Madrid, cercando a Sánchez en los distintos frentes judiciales que rodean al todavía presidente. Quien pueda hacer que haga, ordenó el ser de luz que los ilumina, y se pusieron togas a la obra. Algunos con inusitada celeridad. Ahora sabemos que no siempre la justicia es lenta y desde que Ayuso puso en marcha la operación p’alante en apenas siete meses se han cepillado a todo un fiscal general. Los magistrados conservadores de la Sala Segunda del Supremo, además, se han sumado a los fastos del 20N anunciando en tan señalada efeméride el fallo alcanzado en solo cuatro días hábiles desde que sonó el visto para condena. Ni siquiera disimulan, estaba sentenciado antes de sentarse en el banquillo y solo faltaba buscar un porqué. Entró acusado de revelación de secretos y salió condenado por un delito menor de revelación de datos reservados. Menor, pero suficiente. Una vez llegados hasta aquí tenía que caer sí o sí, porque no se busca la verdad que confirmaron los periodistas sino apretar el lazo a Pedro Sánchez hasta que convoque elecciones.
En eso están PP y Vox con sus terminales mediáticas y la complicidad de una justicia que se remanga las puñetas para remar a favor de causa desde los estrados o en las puertas de los juzgados. Unos actúan por convicción ideológica y otros porque no perdonan a Sánchez la ley de amnistía que dejó en nada su patriótica sentencia a los malvados independentistas catalanes. Sí, reconozco que no tengo ninguna prueba de lo que digo, pero se ha demostrado que eso no importa. Yo, como él, tampoco soy notario y a falta de pelo blanco tengo la cabeza despejada para poder confabular sin tener que compulsar lo que afirmo. Es la nueva doctrina avalada por el Supremo.
Periodista y escritor
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