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Opinión | BABOR Y ESTRIBOR

No hay delfín

Cuando escribo estas líneas no ha comenzado en Les Corts el pleno de investidura del nuevo president de la Generalitat. Desconozco, por tanto, la intervención de Juanfran Pérez Llorca, en la que debe de haber presentado su programa. El próximo martes opinaré sobre el nuevo rumbo del Consell. Enfatizo el adjetivo nuevo, estoy convencido de que hoy termina cualquier atisbo visible y efectivo de Mazón a su paso por el Palau. Coincido con el vaticinio de hace unos días, publicado en estas páginas, del colega Juan Ramón Gil en su impecable artículo El peligro del hombre de la calle. Pérez Llorca se ha querido presentar como personaje de transición, siendo sus mimbres políticos y carácter personal distintos, ahora incluso distantes, a los del dimitido Mazón, a quien le va a resultar harto difícil mantener el acta de diputado.

Pérez Llorca, flamante jefe de los populares valencianos, esta vez guiado bajo la disciplina directa de Feijóo, ya ha tenido gestos encaminados a ir socavando dudas sobre su condición de delfín continuista. Ardid empleado con profusión desde una oposición incapaz de remontar siquiera a lomos de las necedades de Mazón y su círculo.

En Pérez Llorca no hay delfín, hay líder con la misión de arreglar la maleza descomunal, dispuesto a engranar un Consell potente con caras nuevas, entregado al cambio de timón orientado en recuperar la confianza de las víctimas del 29-O y del conjunto de los valencianos, a base de empatía y gestión eficiente. Exigiendo la leal implicación del Gobierno, torticero y equidistante.

Periodista y escritor

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