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Opinión | LA RUEDA

Desnudos y crudos

Hace tiempo que desconozco cuáles son las artes de seducción actuales, pero quiero pensar que, a pesar de todas las innovaciones técnicas en forma de plataformas de citas, la cosa consiste, básicamente, en un ejercicio de confluencias que permiten crear la ingenua ilusión de haber encontrado a una persona con la que puedes compartir experiencias que hacen vibrar a los dos. Por eso, en las aplicaciones coinciden personas que han expresado unas filias o unas aficiones comunes. También es cierto que existen programas de televisión que hacen justamente lo contrario. En beneficio del espectáculo, se trata de juntar a dos individuos que no tienen nada en común.

Me imagino que la pareja con la que me crucé hace días en un recinto silvestre llamado Molló Parc, con animales en cautividad, expresaron en su momento que amaban la naturaleza. Se me hizo extraño ver a aquellos dos enamorados en un ambiente más bien proclive al gozo infantil. A mí, nunca se me habría ocurrido ir con una pareja, solos, a dar de comer a unas cabritas y a observar cómo unos robustos jabalís se rebozan en el barro, pero la condición humana lo admite todo.

El caso es que coincidimos en unas cuantas estaciones de este vía crucis animal. Con los lobos árticos, con un oso pardo, con una nutria. Fue en el hábitat de la nutria que encontramos a un operario que le arrojaba alimento en forma de polluelos muertos. La chica le preguntó si el pajarito estaba asado. El hombre dijo: «No, no. Es crudo, tal cual». Uno de los que me acompañaba en la excursión me miró y sonreímos. Comentó: «Supongo que no saben qué decirse y al menos así, con esta aventura selvática, tendrán tema de conversación».

Escritor

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