Opinión | BABOR Y ESTRIBOR
Llorca no está atado
El domingo nos desayunamos con unas clarividentes declaraciones del president Pérez Llorca en un rotativo nacional, que vienen a afianzar mi percepción personal, ya mostrada en este mismo espacio desde el momento de su designación por Feijóo como candidato. Siempre vaticiné la ruptura de amarras con Mazón, adoptando la única postura posible en la tarea de recuperar la imagen y credibilidad del PPCV. Ciertos sectores desdeñan al nuevo inquilino del Palau señalando una supuesta afinidad con el dimitido president, confundiendo la realidad presente y el proceso originado desde el 29-O al obligado papel de Pérez Llorca en el desempeño de las funciones de secretario general y portavoz de los populares en Les Corts. Incluso algunos consideran, equivocadamente, un desdoro pasar de alcalde de Finestrat a dirigir el Consell, cuando es lo contrario: un edil está mejor aprendido y ducho en todos los aspectos de la política real: la proximidad con la ciudadanía. Llevo años asegurando que los ayuntamientos deberían ser el primer escalón obligatorio para poder ascender en otros cometidos institucionales. Ya tuvo la Generalitat el ejemplo de Ximo Puig, cuyo tránsito por la alcaldía de Morella resultó escuela decisiva, antes pasó lo mismo con Alberto Fabra y Eduardo Zaplana. La gestión municipal, de natural conduce al empleo cotidiano de habilidades personales en la búsqueda de soluciones reales y menos espectáculo, en general propiciando el diálogo más estrecho con el conjunto de ámbitos sociales.
Pérez Llorca ha sido concluyente en declaraciones a la colega Noa de La Torre: «No estoy atado a Mazón. Hay que decir la verdad y él no explicó bien las cosas». Blanco y en botella. Resté importancia al hecho de haberle dado a Mazón la presidencia de una comisión con plus económico. Al dimitido president le quedan dos telediarios ocupando escaño en el parlamento autonómico, resulta obvio. Tanto desde el punto de vista ético como de pura estrategia es inconcebible la permanencia del alicantino en el Grupo Parlamentario Popular. Un veterano de fino oído en Génova 13, me suelta una premonición: «Antes de Fallas Mazón debería entregar el acta». Y Pérez Llorca advierte: «Según las conclusiones de la jueza, se adoptarán las medidas que correspondan». Puesto en su papel con autoridad, el president subraya: «Sé que la última decisión en caso de una emergencia la tengo que tomar yo». Gran cambio.
Pérez Llorca está sabiendo encarnar el liderazgo de una nueva Generalitat, vapuleada por los incalificables errores de la anterior Presidencia. Primero por dejación el fatídico día de la riada, después por hacer caso omiso a Feijóo no pidiendo la declaración de la emergencia nacional. Concatenando el dramático estrambote mediante una garbancera comunicación que incluso permitió al Gobierno y su presidente Sánchez zafarse de la responsabilidad sobre las infraestructuras, deficiente respuesta de los medios estatales: desplegados tarde, mal y en cuentagotas. En lo que no pocos han visto como taimada jugada del sanchismo. Mañana el president visita a Sánchez. Exigencia y claridad.
Periodista y escritor
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