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Opinión | PUNTO DE VISTA

Esmorzaret

Esta es sin duda una de las mejores costumbres de las tierras valencianas. A partir de las 9 o un poco más y hasta las 11, muchas cosas se paran, porque hay que tomar el almuerzo. Pero no uno cualquiera o frugal. Uno con todo. Primero la picaeta con los típicos cacaus del collaret o del terreno (cacahuete autóctono con vaina), aceitunas, encurtidos y tramussos, quizás patatas bravas y cualquier otra cosa que se te ocurra. El plato fuerte es el entrepà o bocadillo, mas grande que pequeño, con todas las combinaciones que imaginarse pueda. Algunas estándar como el Almussafes de queso, sobrasada y cebolla pochada o el Chivito con un poco de todo: pollo, bacón, queso, huevo frito, tomate, lechuga y mayonesa. Y otros de libre albedrío: embutidos, tortillas, quesos, sepia, pisto, pimientos, etc, etc. Todo regado con vino o cerveza. Se acaba con un carajillo o cremaet, según la denominación de cada zona, con ron o coñac quemado, azúcar, café corto, canela y limón, delicioso y si lo acompañas de un puro mejor, llegas al sumun. Siempre en compañía de buenos amigos, agradable pero a veces ruidosa conversación, donde todos tienen razón.

Parece tener su origen en los hombres del campo que madrugaban y necesitaban energías para hacer las tareas diarias, siempre en cuadrilla iban al bar y tomaban su bocata. Es un hecho diferencial valenciano que debería ser patrimonio de la humanidad por la tradición que representa y el hecho social que supone, cohesiona nuestra comunidad y a quienes lo practican les proporciona una gran felicidad. Su fama se extiende, entre otros gracias a José Andrés y le auguro mucho futuro.

Notario y doctor en Derecho

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