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Opinión | EDITORIAL

Epstein no solo daña a Trump

Escándalo sobre escándalo: el material del caso Epstein desclasificado hasta la fecha (documentos, fotografías y vídeos) ya había dado pie a toda clase de sospechas e incertidumbres. Solo ha faltado para agravarlo que el Departamento de Justicia haya censurado partes sustanciales de los textos y publicado, retirado de la web correspondiente y vuelto a publicar la fotografía de una caja del archivo del pederasta en la que aparece una imagen de Donald Trump rodeado de mujeres jóvenes en bikini. Las explicaciones dadas por la Administración para justificar tal retirada momentánea han hecho que crezcan las dudas sobre el comportamiento del presidente en el pasado y, al mismo tiempo, se han multiplicado las críticas en el campo demócrata y, en menor medida, en el republicano, por la pretensión de ocultar información. Un medio tan solvente como la CNN ha calificado de fallout (lluvia radioactiva) sobre la Casa Blanca el efecto inmediato de todo ello.

Mientras Trump multiplica sus intervenciones sobre el despliegue naval frente a la costa de Venezuela, los ataques contra lanchas que presuntamente participan en el tráfico de drogas y la incautación de petroleros, la presencia en el archivo de Epstein del presidente y de otros rostros conocidos de todos los ámbitos (del partido demócrata, del mundo empresarial y también del académico) domina por completo el debate público y está teniendo un efecto erosivo sobre el desempeño presidencial. El desgaste se hace sentir en el promedio del índice de desaprobación de Trump, computadas todas las encuestas nacionales, que alcanzó el 58% a mediados de este mes, y en la baja aceptación de su política económica, que cayó hasta el 36%. Los peores datos registrados en el primer año de su segundo mandato.

Aparecer fotografiado en compañía de Epstein o acompañado de mujeres no presupone haber observado comportamientos reprobables o delictivos, pero el empeño en ocultar información, censurándola o simplemente no desclasificándola, no hace más que alimentar las sospechas y degradar la imagen de quienes tienen poder para hurtar a la opinión pública elementos de juicio. Tal conducta puede activar, además, a la justicia por no cumplirse la orden de difundir toda la información relativa a la conducta de un ciudadano condenado por los tribunales por un delito continuado de pederastia.

Sea cual sea el recorrido judicial que eventualmente puede tener la censura de material, el caso Epstein ha hecho que se adueñe de una parte importante de la opinión pública un sentimiento de desazón ante las ramificaciones de un escándalo que contamina la imagen exterior de una parte de las élites de Estados Unidos en momentos especialmente difíciles, con una economía vacilante, el empeño en perseverar en una política exterior agresiva cuando se había prometido un repliegue internacional al electorado, parte del cual se siente hoy defraudado. Contribuyen a todo ello síntomas evidentes de una moral doblemente dañada: por lo que representó el caso Epstein y por los manejos para ocultar a la sociedad comportamientos ominosos. El arma de blandir conspiraciones y tramas ocultas con mayor, menor (o ningún) fundamento que ayudó a Trump a llegar a la Casa Blanca se le ha vuelto finalmente contra él: pero también contra la confianza del ciudadano en sus instituciones y representantes.

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