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Opinión | COSAS MÍAS

Políticos locales bajo los austrias

Felipe II, en 1597, cambió el sistema de insaculación por el que se elegían los rectores de la villa castellonense, volviendo al modelo de 1446, que prescribía un gobierno de notables al amparo de la intervención monárquica, aunque no fue una componenda concluyente. Como siglos atrás, el germen de la administración lo conformaban el justicia (o alcalde) y los cuatro jurados. Según el historiador James Casey, venían nombrados a estos puestos, por sorteo anual, representantes de cada una de las cuatro bolsas: una de nobles y caballeros; otra de ciudadanos, abogados, y doctores en medicina; una tercera de artistas, notarios, apotecarios, pintores, mercaderes y cirujanos, y la cuarta y última, la de los labradores.

En años alternativos, los nobles y caballeros cedían su plaza de jurado a los labradores, que venían entonces a ocupar dos de los cuatro puestos. El justicia, mientras tanto, se sorteaba por separado de una bolsa especial, agrupando, esencialmente, miembros de las tres primeras de jurados.

En Castellón la entrada en las bolsas era por votación del justicia, jurados y asamblea, cada diez años más o menos o por nombramiento directo del rey en casos particulares. Una vez propuesto el candidato, seguía gozando del privilegio hasta su muerte, aunque tenía que poseer «clars bens, valents 20.000 sous» para poder presentarse a los oficios.

Cronista oficial de Castelló

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