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Opinión | SIN RESERVAS

La sombra del innombrable

El calendario electoral que se avecina arrancó en Extremadura sin ninguna novedad. Todo según lo previsto, tan previsto que otra vez el denostado CIS de Tezanos casi clava el resultado. Ganó el PP con claridad aunque solo suma un diputado y se queda muy lejos de la añorada mayoría absoluta por la que María Guardiola justificó el adelanto electoral. Ganó la ultraderecha de Vox que logra seis nuevos diputados y sigue más convencida aún de que, ahora sí, en España empieza a amanecer. Ganó también Unidas por Extremadura que suma tres escaños más y demuestra que hay política a la izquierda del PSOE a la espera de comprobar si esta vez se conforma alejada de los personalismos que siempre acaban por aflorar en ese espacio político tan necesario como complejo.

También hay un claro perdedor, algo que cuesta reconocer en muchas noches electorales. El PSOE extremeño cosecha los peores resultados de su historia lastrado por errores propios, como la aceptación de un candidato imputado por prevaricación y tráfico de influencias, y por los casos de corrupción en altos cargos orgánicos del partido a nivel nacional y los impresentables comportamientos de acoso sexual por personas muy cercanas al presidente Sánchez. Una realidad que de no mediar una innovadora entrega del manual de resistencia arrastrará al resto de federaciones socialistas. A la candidata de Aragón, que será la próxima víctima como ella misma sabe, se le ha caído ya el apellido... de alegría, muy poca. Aquí, en la Comunitat Valenciana, Diana Morant gana tiempo y respira aliviada. De momento no votaremos porque en esta tierra acostumbrada a ofrecer viejas glorias a España, Feijóo ya le ha ofrecido a Abascal todo cuanto pedía. Eso nos libra de verle montar a caballo por la Albufera y nos permite seguir con lo nuestro. Pérez Llorca y Pedro Sánchez ya se han sentado a hablar a los pocos días del estreno del nuevo president. Es lo mínimo, sí, pero fue del todo imposible mientras el innombrable seguía al frente del Consell.

Por su parte, la jueza de Catarroja sigue con su instrucción cercando al núcleo íntimo del todavía diputado aforado de cuyo nombre no quiero acordarme. Salomé Pradas y el palmero que compartía piso con el ausente, José Manuel Cuenca, se verán la cara en el juzgado para dilucidar porqué entre el «Salo, de confinar nada. Calma» de uno y el «está la cosa muy mal... desbordamientos por toda la provincia» de la otra, la alerta se acabó lanzando tarde y mal. El comensal del Ventorro seguía a lo suyo y en su eterna sobremesa se dignó a contestar con un «cojonudo» cuando su consellera le alertó de la preocupante situación en el barranco del Poyo y el río Magro. Una respuesta que solo se explica si se escribió después del quinto chupito. Cuanto más se sabe de su actuación esa tarde se entiende mejor que para la mayoría de familiares de las víctimas no sea cierto eso de que muerto el perro se acabó la rabia. Porque la rabia continúa intacta al saber que la sombra del innombrable sigue presidiendo el PPCV y, además, acumula una pedrea de 9.000 euros anuales a su sueldo por obra y gracia de quien fue su mano derecha y ahora le compensa por ello. Eso sí, antes pidió perdón.

Periodista y escritor

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