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Opinión | A QUEMARROPA

Una Navidad pasada por agua

No recuerdo otra Navidad así de lluviosa, ni fría. La habrá habido, a buen seguro, en los últimos 50 años. Pero lo cierto es que no la recuerdo. Y esto me lleva, queridos lectores, a realizar varias reflexiones.

La primera de ellas es negativa. A la hostelería no le ha venido nada bien que, tras el 24 de diciembre, haya llovido sin parar. Las terrazas se han resentido. Los cafés y refrescos han sido menos, tanto en Rey don Jaime, como en Fadrell, en Guitarrista Tárrega o en Lidón.

La segunda es curiosa. Para los más jóvenes, una Navidad fría y pasada por agua, con nieve en el interior norte, es raro. Más conocido bien entrado el invierno.

La tercera es positiva, indudablemente. En invierno ha de llover y nevar. El suelo debe humedecerse y retener agua para la temporada seca. Los cultivos, los jardines públicos y privados, y el entorno en general agradecen que en invierno tengamos este clima.

A nivel personal, hay opiniones para todos los gustos. A mí me encanta. Soy un tipo bastante familiar, y pasar el 25 de diciembre en casa, en familia, jugando a cartas tras degustar una magnífica paella con pelotas, mientras en la calle llueve y hace frío, me ha agradado.

A Sandra, que atiende con gracia y salero el bar al que acudo a diario a tomar un cortadito, no le gusta. La deprime un poco, afirma, y además le produce un quebradero de cabeza constante. Sacar la terraza, guardarla, secar las mesas, dejarlas mojadas… Una complicación de vida, vamos.

¿Y a usted, querido lector? ¿Le ha gustado o le ha fastidiado?

Escritor

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