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Opinión | TRIBUNA SINDICAL

La cultura del esfuerzo y las ‘paguitas’

En un foro de debate con empresarios volvió a salir el manoseado concepto de la cultura del esfuerzo. ¡Evocador! Trae a mi mente imágenes llenas de fuerza y romanticismo: la carreta embarrada hasta media rueda. Hombres descamisados, cubiertos de sudor y con los cuerpos inclinados hacia atrás, se afanan tirando de las correas de las caballerías, con todos sus músculos tensionados. Como una continuación de sus brazos, las caballerías, a su vez esforzadas y tensas, inclinadas hacia adelante por su propio peso y el de los hombres que las agitan y les tiran del bocado, relinchan y se embrutecen, se ponen de manos y dan tirones para intentar arrancar las ruedas del carro del pegajoso barro. Me encanta ese momento cuando, por fin, la rueda rompe la resistencia y gira. Los hombres y las bestias hacen un último esfuerzo, empujando al unísono como un equipo bien entrenado, y el carro vuelve al camino y la carreta, continúa su marcha. ¡Qué bonita la cultura del esfuerzo!

Lo ininteligible para mí es cuando colocan como su antagonista a la paguita. «Las paguitas y subvenciones están acabando con la cultura del esfuerzo», dicen.

El ser humano ha conseguido, con su inteligencia, que situaciones como la que describo estén lejos de la cotidianeidad. Hoy en día, la aplicación del conocimiento hace menos necesario que nunca el esfuerzo físico humano.

Nuestro país está creando una sociedad solidaria, más implicada en el bienestar común. A través de este marco se han creado conceptos nuevos, como el ingreso mínimo vital (IMV). Estas ayudas del Estado intentan ayudar a las personas en momentos en que las circunstancias son adversas, no desde la caridad, sino desde la construcción de un sistema de derechos. Aun así, en un país con el nivel de vida cada día más alto, que el Estado te garantice aproximadamente el 50% del salario mínimo no asegura una vida digna. Nadie podrá rebatir que 600 euros no dan para un alquiler en la mayoría de las ciudades españolas, apenas garantiza la subsistencia. ¿Quién puede envidiar esta situación? ¿Qué aberración es esta? ¿Los salarios ofrecidos por los empresarios, no pueden competir con ayudas de subsistencia?

¡Eso sí que es para hacérselo mirar!

Secretario general de UGT FeSMC Comarques de Castelló

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