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Opinión | La rueda

Honrar a quien sostiene

Maquiavelo decía que cuando un ciego recupera la vista, lo primero que arroja es el bastón que le ayudó a caminar en la oscuridad. Alegóricamente, el bastón es la persona que nos acompaña en la fragilidad, el amigo que nos sostiene cuando nos tambaleamos o el maestro que nos guía cuando no vemos la salida. Gracias a esa ayuda, la persona logra recuperar fuerzas, superar la dificultad y volver a caminar con seguridad. Sin embargo, la metáfora revela una verdad muy amarga pues, en ocasiones, al recuperar la fuerza o levantarnos tras una caída, lo primero que hacemos es olvidar (o incluso despreciar) a quienes nos ayudaron. El bastón, que fue indispensable en la oscuridad, se convierte en un estorbo en la luz. Y así, quienes nos apoyaron cuando estábamos en la lona, son apartados cuando ya no los necesitamos. Desde la psicología, este fenómeno se relaciona con la tendencia humana a sobrevalorar la autosuficiencia y minimizar la dependencia. Una vez superada una crisis, nuestro ego busca afirmar que el logro fue propio, borrando de la memoria el apoyo recibido. Sin embargo, la gratitud es esencial para la salud emocional y las relaciones humanas. Practicarla fortalece los vínculos, incrementa el bienestar y reduce la soledad. Agradecer, no es solo un acto moral, sino una herramienta psicológica que nos recuerda que no caminamos solos. Ahora que empezamos un nuevo año, un buen propósito sería no olvidar a quienes nos ayudaron cuando más lo necesitábamos, recordando que la verdadera grandeza no está en olvidar, sino en reconocer, pues el verdadero crecimiento no consiste en desechar los bastones, sino en honrarlos.

* Carlos Hidalgo es psicólogo crínico (www.carloshidalgo.es)

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