Opinión | Carta del obispo
Un nuevo año
Antes de nada, deseo a todos la bendición de Dios en el año recién comenzado. Y pido sobre cada uno que “el Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Nm 6, 24. 26). Que sea un tiempo de gracia, de prosperidad y, sobre todo, de compromiso por la paz en el mundo entero. No iniciamos este tiempo solos ni por nuestras propias fuerzas: lo comenzamos bajo la mirada amorosa de Dios, que nos bendice y nos confía nuevamente el don del tiempo.
Para la Sagrada Escritura y la fe cristiana, el tiempo no es solo una sucesión de días y meses y de las estaciones del año (chrónos); es, sobre todo, (kairós), es decir, tiempo habitado por Dios, tiempo de gracia, tiempo favorable para la salvación, para crecer en el amor a Dios y a los hermanos. Cada año que se abre ante nosotros es una ocasión concreta para dejarnos amar por Dios y permitirle actuar en nuestra vida y en nuestra historia.
Comenzamos el año, bendecidos. Dios nos bendice porque nos ama y quiere que seamos dichosos y felices, que seamos santos. Porque la santidad es sinónimo de bienaventuranza, dicha, felicidad y perfección en el amor. La santidad es el don de Dios que colma todas las aspiraciones humanas; consiste en vivir unidos a Cristo, caminando como hijos de Dios con la gracia del Espíritu Santo hacia la perfección del amor.
Antes de cualquier proyecto, antes de cualquier dificultad o esperanza, está la bendición de Dios, que nos precede y nos acompaña. Una bendición que no nos aparta de los desafíos y problemas de cada día, sino que nos da la fuerza para afrontarlos con fe, sabiendo que Dios sigue obrando incluso en medio de la fragilidad, la dificultad y la incertidumbre.
Este nuevo año es un kairós para escuchar con mayor atención la Palabra de Dios, para reconciliarnos con Dios y los hermanos, para sanar heridas, para renovar nuestro compromiso con los más pobres y con el cuidado de la vida, y para trabajar por la paz. Es tiempo favorable para volver al Evangelio con sencillez y dejarnos transformar por él. Les invito a vivir este año no desde el miedo, sino desde la confianza en Dios. Cada día puede convertirse en lugar de encuentro con Él si lo vivimos abiertos a su presencia y disponibles a su voluntad.
Pongamos este año que comienza en manos del Señor y bajo la protección de la Virgen María. Que el Señor les bendiga abundantemente y haga de este nuevo año un verdadero tiempo de gracia, de crecimiento y de esperanza para todos.
* Casimiro López es el obispo de la diócesis Segorbe-Castellón
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