Opinión | Babor y estribor
El golpe de efecto
Arranca 2026 con significativos problemas para Pedro Sánchez y, por ende, para su Gobierno Frankenstein. Problemas cada vez más difíciles de maquillar, por mucho que diversos observadores de la política nacional vengan advirtiendo sobre la entrega del movimiento sanchista en fabricar un golpe de efecto, a fin de, en las próximas semanas, insuflar oxígeno a un proyecto agónico incapaz de aprobar, siquiera, los presupuestos generales del Estado en los últimos tres años. Y abocado a la aberrante práctica de utilizar ingeniería jurídica desde el Consejo de Ministros y el BOE, burlando al Parlamento y seguir aferrado al poder. Pasándose por el forro la autoridad del legislativo, columna vertebral de la democracia en mayúsculas. Los socios que, de una u otra manera, sostienen a Sánchez llevan tiempo exprimiendo la sufrida semántica de cara a la galería. Aunque sin ningún interés de poner en verdadero aprieto lo que, en realidad, es para ellos la auténtica gallina de los huevos de oro. ¿Quién le iba a decir al Bildu de Otegi que llegado el día estaría a romper un piñón con un presidente socialista? Pelillos a la mar con los crímenes de ETA, mientras el sanchismo utiliza la guerra civil reverdecida por Zapatero desde el interés de parte. Esperamos expectantes el próximo artificio de propaganda encargado a la legión de sesudos asesores que, según dicen, lleva semanas trabajando en el encargo. Entre tanto, el jefe del Ejecutivo desaparece con más vacaciones navideñas que un maestro de escuela.
Mientras Pedro y la empapelada Begoña se han dedicado a esquiar y cantar villancicos, mediando buenos restaurantes en Andorra, el núcleo duro del sanchismo no ha perdido comba en eso de dar la vuelta a la tortilla. De tal guisa que, mientras el líder relajaba mente y músculos en El Pirineo, fuera de España, la fiel grey esencia del sanchismo ha llegado al paroxismo de pedir la dimisión de Feijóo por unos WhatsApp de éste con Mazón durante las primeras horas de la tragedia ocurrida el 29-O del 2024 en la Comunidad Valenciana. Desde la delegada del Gobierno hasta la ministra secretaria general del PSPV, Morant, han tronado voces socialistas dando determinante categoría al papel del presidente nacional del PP, cuando éste no tenía responsabilidad alguna y su opinión siempre fue la de decretar la emergencia nacional. Si Mazón falló, el ministro del Interior y el presidente del Gobierno, obviando sus obligaciones, en lugar de enmendar la situación miraron para otro lado. «Si quieren algo, que lo pidan», Sánchez dixit. Ahora resulta que el foco de toda aquella negligente actuación, compartida entre administraciones, el sanchismo lo pone en Feijóo, sin parte ni arte ejecutiva. Hay que tener jeta.
En semejante tacticismo político en el que la ministra Morant es candidata a la Generalitat y la delegada Bernabé aspira a la alcaldía de Valencia, el President Pérez Llorca, ante la necesidad de agilizar la reconstrucción, brega por hablar y consensuar esfuerzos con el conjunto de resortes del Estado: «Sean del color que sean», ha dicho. No se lo están poniendo fácil.
Basilio Trilles es periodista y escritor
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