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Opinión

Operación estrecho

Con la nueva doctrina internacional de Trump las cosas pueden cambiar mucho en el planeta. Ya nada impide que Pedro Sánchez ordene que nuestra Armada hunda a misilazos las narcolanchas que nos vienen del norte de África. Y si por error se destruye una de esas que llegan llenas de subsaharianos, habrá sido un daño colateral. Que aquí todos sabemos utilizar eufemismos.

Creado el clima de que cualquier lancha que vaya un poco deprisa por las aguas internacionales es que quiere entrar droga en nuestro país, y que eso hay que impedirlo a toda costa, el paso siguiente será empezar a decir que Mohamed VI y sus ministros tienen negocios con el hachís que entra en nuestro país y tiene emporrados a nuestros jóvenes y a media Europa (así nos convertimos en los defensores de Europa de paso). Hay que repetir muchas veces en los medios y en las tertulias políticas que Marruecos es un narcoestado. Y que ni Europa y ni el mundo lo pueden consentir de ninguna de las maneras. Cuatro advertencias más, para justificar el expediente y, sin pasar por el Congreso, como si fueran unos presupuestos generales del Estado, una mañana del Ramadán, se entra en Rabat y se procede a la extracción del rey alauita para que sea juzgado por nuestro Tribunal Supremo (tiembla, Mohamed).

Menuda cortina de humo para Sánchez que le permitirá evitar que se hable del problema real de nuestro país que es la falta de vivienda asequible. De paso los misiles utilizados en la operación contabilizan como gasto militar de cara a Trump. Todo redondo.

Vicent García Nebot es urbanista

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