Opinión | A FONDO
Benicàssim en fiestas
Enero tiene algo especial para los vecinos y vecinas de Benicàssim, porque celebramos las fiestas en honor a San Antonio Abad y Santa Águeda, nuestros patronos y, lejos de ser solo unas celebraciones, son una parte esencial de nuestra identidad como pueblo, pues Benicàssim vuelve a latir de una manera distinta. Nuestras calles se llenan de recuerdos, de encuentros y de tradiciones que nos conectan con lo que somos, con nuestras raíces y con quienes nos precedieron. Son días para saludarnos sin prisas, para charlar alrededor de una hoguera y para sentirnos, una vez más, orgullosos de Benicàssim.
Y es que cada año, cuando llegan estas fechas, sentimos como se renueva ese sentimiento de pertenencia que compartimos los benicenses y, a pesar del frío, salimos a la calle con ilusión y con ganas de reencontrarnos; de compartir momentos que, aunque sencillos, se quedan grabados en nuestra memoria, como los de cada Nit de Sant Antoni, cuando voltean las campanas y encendemos las hogueras, que son mucho más que fuego; significan conversación, calor humano y, alrededor de ellas, nos mezclamos generaciones, historias y sonrisas que nos gusta sentir y compartir con el que llega por primera vez.
Después llega uno de esos momentos que todos esperamos con especial cariño, la bendición y participación de la tradicional coqueta, la máxima expresión de nuestras tradiciones, de la que participa todo el pueblo. Ataviados con trajes típicos recreamos a través de carros y carrozas los momentos cotidianos y la memoria de un Benicàssim que fue agrícola antes que turístico, para luego bendecir los animales, guardar fila y recoger ese dulce tan nuestro elaborado de manera artesanal, con paciencia y dedicación, les coquetes de Sant Antoni, cuyo olor dulzón ya inunda Benicàssim anunciando las fiestas.
Se trata pues de revivir una costumbre que nos une, que sigue pasando de padres a hijos y representa, como pocos, el espíritu generoso y acogedor de nuestras fiestas. Unas fiestas que también nos invitan al recogimiento y a la emoción cuando procesionamos junto a nuestros patronos y ofrecemos flores a Santa Águeda, símbolo de respeto, de devoción y de agradecimiento a nuestra patrona, la de todas las mujeres de Benicàssim.
Cada uno de estos actos, nos recuerdan la importancia de mantener vivas nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestras costumbres, no como algo del pasado, sino como parte del presente y del futuro de nuestro pueblo.
Pero si hay un día que refleja a la perfección el carácter abierto y cercano de Benicàssim, ese es el Día de las Paellas. Una jornada muy esperada por todos y cada uno de los vecinos de nuestra provincia y más allá; una cita que nos reúne a todos alrededor de nuestro plato más emblemático, la paella, pero que es una cita para la hermandad y la convivencia y amistad. Ese día no hay distancias ni diferencias, solo mesas compartidas, risas, aromas y un ambiente único en el que todo el mundo es bienvenido.
Porque Benicàssim es así, una ciudad amable, abierta y hospitalaria, con sus vecinas y vecinos generosos, cercanos y comprometidos, siempre dispuestas a dar su mejor versión. Por eso quiero agradecer a todas las personas que, con esfuerzo, mucho entusiasmo y de manera totalmente altruista, hacen realidad la celebración de estas fiestas. Gracias de corazón a las asociaciones y colectivos, a la comisión de fiestas, a la comisión organizadora del Día de las Paellas, a las Reinas, festeras y festeros de la corte de honor, y a todas aquellas personas que trabajan, desde sus responsabilidades en el Ayuntamiento de Benicàssim, muchas veces de manera silenciosa, para que todo salga adelante. Pero también a cada vecino y vecina y a quienes nos visitan, a todos aquellos que participan de manera activa, porque sin ellos, las fiestas no serían posibles.
A nuestros jóvenes, nuestro futuro más próximo, por querer ser parte fundamental de las fiestas. Sin ellos nada tendría sentido, pues llenan de fuerza, impulso e ilusión por mantener lo nuestro y preservar nuestra historia, costumbres y tradiciones. Contar con ellos es tener la seguridad de que, a pesar de los años, siempre existirá un sentido de pertenencia que nos seguirá haciendo auténticos.
Sigamos todos unidos disfrutemos de nuestro patrimonio cultural y festivo; salgamos a las calles a demostrar con fuerza que Benicàssim somos su gente. Esa que levanta cada día la persiana de su negocio, la que limpia nuestras calles, quienes velan por nuestra seguridad, la que nos elabora el pan y nos suministra nuestros alimentos, la que gestiona nuestra ciudad, la que educa a nuestros hijos, la que nos sana y nos cuida el cuerpo, y también el alma, porque Benicàssim somos todos.
¡Felices Fiestas en honor a San Antonio Abad y Santa Águeda!
Alcaldesa de Benicàssim
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