Opinión | EL TURNO
El campo, moneda de cambio
El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur vuelve a poner de manifiesto una constante que el campo español conoce demasiado bien: la agricultura y la ganadería se utilizan como moneda de cambio en negociaciones comerciales que priorizan otros intereses económicos y geopolíticos. Tras más de dos décadas de conversaciones, el pacto se presenta como una gran oportunidad para Europa, pero para miles de agricultores y ganaderos españoles supone una seria amenaza a su viabilidad.
Las organizaciones agrarias llevan años advirtiendo de un problema de fondo: la competencia desleal. El acuerdo abre la puerta a la entrada de productos agroalimentarios (como el cítrico) producidos en países donde las exigencias medioambientales, laborales y sanitarias son muy inferiores a las que se imponen a los productores europeos. Mientras aquí se acumulan normas, controles y costes, se facilita la importación de alimentos más baratos que no cumplen los mismos estándares. El resultado es previsible: presión a la baja sobre los precios y más asfixia para las explotaciones.
El discurso oficial insiste en las oportunidades de exportación para sectores como el vino o el aceite de oliva, pero obvia que los beneficios estarán concentrados en grandes operadores, mientras que las pérdidas recaerán sobre los eslabones más débiles de la cadena. La ganadería extensiva, clave para el equilibrio territorial y ambiental, es una de las grandes damnificadas. ¿Tiene sentido defender la sostenibilidad rural y, al mismo tiempo, firmar acuerdos que incentivan modelos productivos intensivos y ligados a la deforestación?
Las llamadas cláusulas de salvaguarda y los fondos compensatorios no convencen al sector. Son mecanismos lentos, limitados y, en muchos casos, más teóricos que reales. No compensan un acuerdo que consolida una globalización agrícola sin reglas equivalentes y que choca frontalmente con los objetivos climáticos y de soberanía alimentaria que la propia UE proclama.
El rechazo del campo no es proteccionismo ni inmovilismo. Es una llamada de atención: no se puede exigir más sacrificios mientras se firman acuerdos que ponen en riesgo su futuro. Sin un trato justo y unas reglas iguales para todos, el acuerdo UE-Mercosur no será progreso, sino otro paso más hacia el abandono del medio rural.
Alcalde de Nules y presidente de Unión Municipalista
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