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Opinión | A QUEMARROPA

Groenlandia

En Groenlandia hace frío. Muchísimofrío en invierno y algo menos en verano. Pero frío, lo que se dice frío, hace siempre. Nieva constantemente y cuenta entre su fauna con osos polares, pero no con pingüinos. Está muy al norte, por allí por el Círculo Polar Ártico. En el juego del Risk es un territorio fundamental para acceder a Norteamérica. Sin él, difícilmente hay victoria a la vista. Sus habitantes son groenlandeses. Muchos de ellos son nativos inuit. Y en su subsuelo hay cierta riqueza mineral. También sabemos que es un territorio ligado a Dinamarca. Y que el presidente norteamericano, Donald Trump, quiere anexionarlo a los Estados Unidos de América.

Hasta aquí, algo más o algo menos, llega lo que la inmensa mayoría de habitantes de esta España mía, esta España nuestra, sabía y sabe de Groenlandia. A partir de aquí es cuando entra en danza la cultura tabernera, el cuñadismo y la tontería habitual de los contertulios de mesa y mantel.

Lecciones

Háganme caso, queridos lectores, y no se dejen llevar por cantos de sirena. Cualquiera que les diga que conoce el conflicto groenlandés en profundidad y que, por lo tanto, tiene una opinión formada y concluyente sobre él, miente. Exagera y miente. Este asunto ha pasado por debajo del radar de la opinión pública y publicada patria hasta que el inefable Trump lo ha sacado a la palestra. No dudo de algunas voces, normalmente autorizadas, que informan y opinan con cierta prudencia sobre el asunto. Pero recelo muchísimo de todos aquellos a quienes jamás he escuchado pronunciar la palabra Groenlandia y que ahora dan lecciones sobre su interés geopolítico con una soberbia abrumadora.

Escuchemos la voz, pues, de los supertacañones.

Escritor

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