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Opinión | RECONTRA

Globalización

El mundo tiene un plan: caminar hacia la liquidación ordenada de las democracias. Con discursos distintos, banderas distintas y excusas distintas, todos los grandes poderes están llegando al mismo lugar: mandar sin rendir cuentas.

China lo entendió antes que nadie. Mutó su comunismo, pero conservó lo esencial: el control absoluto. Inventó un capitalismo de Estado donde el trabajador no tiene derechos, la protesta no existe y la vigilancia es total. Produce, obedece y calla. Eso es el nuevo contrato social chino.

Rusia perfeccionó el modelo a la vieja usanza: un líder, un Estado y una población aterrorizada. Allí la oposición no se debate, se elimina. El mensaje es pedagógico: quien molesta al poder: chupito de polonio y a desaparecer. No es ideología, es disciplina de la KGB.

Y mientras tanto, EEUU por fin se quita la máscara y Trump y los MAGA lo dicen claro: la democracia ya no es un valor, es una molestia. Lo importante es el petróleo, el negocio y decidir quién merece derechos y quién no. Se persigue al diferente, se criminaliza al disidente y se normaliza la exclusión. Todo en nombre de la seguridad.

El resultado es idéntico en todos lados: una élite obscenamente rica y una masa sin derechos reales, autorizada solo a trabajar, consumir y pagar impuestos. La auténtica globalización nacionalista: tres imperios que confluyen y un mar de ciudadanos mirando con recelo al de al lado por si te delata. Bienvenido al s. XXI.

Urbanista

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