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Opinión | Y SIN EMBARGO

Sentido común

El sentido común no suele hacer ruido. No convoca manifestaciones, no levanta titulares estridentes ni acostumbra a viralizarse en redes sociales. Y, sin embargo, es probablemente el bien más escaso (y más necesario) de nuestro tiempo.

Esta semana lo hemos visto en los puertos pesqueros de Castellón. Los pescadores levantaron la voz ante un nuevo reglamento de control que, más que ordenar, complicaba aún más su ya de por sí difícil día a día. La historia de siempre: una regulación pensada desde lejos, con despacho, pero sin muelle. Hasta que alguien decidió escuchar. Y aplicar algo tan revolucionario como el sentido común. El Ministerio de Agricultura y Pesca ha aceptado parte de las peticiones del sector y abre la puerta a una solución razonable. No es una victoria épica, pero sí un triunfo muy significativo: cuando se escucha a quien conoce el terreno, las cosas suelen funcionar mejor.

El sentido común también asomó ayer en el Parlamento Europeo con la impugnación del acuerdo con Mercosur. La decisión adoptada en Estrasburgo podría paralizarlo hasta dos años. Se trata de una iniciativa impulsada, de nuevo, a espaldas de los pequeños agricultores y ganaderos, precisamente los que abundan en la provincia. Pensar en macro sin mirar el micro. Una primera victoria que debe servir de espaldarazo para seguir defendiendo lo propio.

Y el sentido común se ha colado estos días en la política, donde cotiza a la baja. Ver, tras la tragedia ferroviaria de Adamuz, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al presidente de la Junta, Juanma Moreno, compartiendo intervención desde el respeto, sin aspavientos ni descalificaciones, pareció una rareza. Entender que las instituciones están por encima del ruido. Sentido común, otra vez. Tan simple. Tan extraño.

Redactor jefe de Mediterráneo

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