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Opinión | A CONTRALUZ

Vivienda y fiscalidad

Por mucho que la actualidad nos lleve cada día por diferentes derroteros (la inestabilidad mundial, los precios, la corrupción o, más recientemente, la seguridad en el transporte) el acceso a la vivienda continúa siendo el principal problema de la gente. Y no parece que las fórmulas que se están poniendo en marcha tengan visos de resolver un derecho fundamental que viene consagrado en nuestra misma Constitución.

Para saber más sobre las posibilidades de éxito de las medidas que se vienen poniendo en marcha, basta con preguntar y sondear a quienes, desde hace décadas, vienen trabajando en este sector que, si bien bebieron el elixir de épocas doradas de un boom hoy inimaginable, también degustaron el sabor amargo del fracaso, la quiebra y las insolvencias.

Tras este chequeo, las conclusiones: las medidas actuales no son la panacea para la resolución de un problema que, con un cien por cien de aciertos, tardaría demasiados años en resolverse; de ahí la necesidad de buscar planes de choques y medidas valientes que no se queden solo en una cesión de suelo público que, según algunos cálculos, apenas permite la rebaja de un 10% de la vivienda construida.

Hay que centrar la mirada «en aquello de lo que no se habla» (sic) y decir que en el coste de una nueva vivienda, la tributación ronda el 40% o más, lamentan algunas de estas voces. Si el objetivo de los impuestos (vitales para el sostenimiento del sistema) es asegurar el estado del bienestar, por qué no retorcer a la baja la carga fiscal que soporta un sector que es clave para asegurar el cumplimiento de un derecho que nos atañe a todos. Seguro que visto así, podremos satisfacer a las distintas sensibilidades que ocupan el arco ideológico: entre los que alardean en la defensa de una bajada de impuestos sin aclarar sus intenciones en la letra pequeña, y los que hacen bandera de un Estado social donde caben todos, salvo los que crean riqueza.

El problema de la vivienda es de un calado tal (y lo será más) que requiere de espacios comunes, pero pedir esto, en un año preelectoral como éste es, cuanto menos, de ilusos.

Director de Mediterráneo

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