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Opinión | A CONTRALUZ

Que no nos birlen las ferias

Cuando está a punto de cerrar sus puertas una nueva edición de Fitur en Madrid, es buen momento para reflexionar sobre la propia existencia de los eventos feriales que, sustancialmente, poco han evolucionado cuando sí lo ha hecho el producto que allí se expone. Los cambios tecnológicos, el consumo de la comunicación, el márketing, las acciones comerciales... han dado un enorme vuelco en los últimos años pero, en esencia, continuamos ofreciendo escaparates que apenas han variado en su concepto original. Y es porque, al parecer, el modelo tradicional, a su manera, sigue funcionando.

No son pocas las voces que ponen en evidencia la utilidad de este tipo de eventos. Y no les falta razón, pero solo en parte. Pero quien ha pisado decenas de recintos feriales, respirado su ambiente y sucumbido a sus frenéticos tiempos , puede dar fe de la importancia que tienen estos escenarios para promover, visibilizar y arrancar compromisos. También es verdad que, en la lectura precipitada que marca la inmediatez de los nuevos tiempos podamos llegar a la conclusión errónea de que a las ferias se va a lucir palmito. Pasamos por alto, en numerosas ocasiones, la oportunidad que representa un contacto, más o menos fugaz, con quien puede abrirnos una expectativa de negocio y una oportunidad de crecer. No se habla tanto del trabajo previo ni de los frutos posevento, cuando en realidad la feria es solo toma de contacto, cuyo resultado siempre está por venir. Y es que quizá los selfis del yoestuveaquí nos birlen, en ocasiones, ver lo mejor que tienen las ferias.

Director del periódico Mediterráneo

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